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El tenor español Plácido Domingo recibió este reconocimiento del público durante una hora y veinte minutos el 30 de julio de 1991, tras interpretar el Otelo de Verdi en la  Ópera Estatal de Viena. Aquella noche triunfal, el gran cantante madrileño tuvo que regresar al escenario de la Ópera un total de 101 veces. Batía así el récord que ostentaba su colega italiano Luciano Pavarotti (1935-2007), aplaudido durante 67 minutos tras su actuación de 1968 en El elixir de amor, ópera cómica de Gaetano Donizetti, en la ópera de Berlín. Entonces, el telón se alzó 165 veces.

Evidentemente que bastante. Y por un motivo bien sencillo: la altura y el tamaño de los seres vivos la determina la gravedad del planeta. Por poner un ejemplo, ¿podrían existir en la Tierra los gigantes de los cuentos, un ser humano con las mismas proporciones que los nuestros pero diez o cien veces mayor? No, y eso ya lo sabía Galileo: la Naturaleza no puede hacer crecer un árbol ni construir un animal por encima de cierto tamaño conservando, a la vez, las proporciones, y empleando los mismos materiales.

En principio podríamos pensar que sí, que perder los kilos de más incrementa nuestra satisfacción. De hecho, es uno de los principales argumentos a favor del adelgazamiento: aparte de los beneficios físicos, se supone que la lucha contra la báscula mejorará la salud psicológica porque supondrá un aumento de la autoestima, y más en una sociedad donde el sobrepeso está cada vez peor visto y puede incluso perjudicarnos a la hora de conseguir un trabajo o un ascenso. Sin embargo, se tiende a olvidar los desajustes mentales que a veces causan las dietas.

Los perros forman una parte importante de la vida cotidiana de sus dueños y perderlos puede resultar tan doloroso como perder a un pariente, según un nuevo informe científico.

La autonepiofilia o infantilismo parafílico es una parafilia que se caracteriza porque el individuo que la padece tiene la necesidad de vestirse (y actuar) con ropa de bebé e incluso llevar pañales, con la intención de ser tratado como tal, como un niño pequeño, lo que se conoce como “bebé adulto”. Por lo general, los autonepiofílicos, que suelen ser varones heterosexuales, suelen sentir predilección y placer -se excitan sexualmente- llevando pañales (sin sufrir eneuresis), el fetiche más significativo de esta parafilia, aunque puede no darse esta fijación por ellos.

Cada día la diversidad sexual se hace más presente en nuestras vidas y hemos visto surgir términos y prácticas de las que antes no se hablaba. Una de éstas es el ‘bud sex’, es decir, sexo entre hombres heterosexuales.

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