La corrupción y la cuestión social, preocupaciones del Papa

12 Febrero 2018

Sin lugar aún en la agenda para un viaje a la Argentina, el papa Francisco recibió en las últimas dos semanas a representantes diversos de la realidad política y social del país, a quienes les transmitió sus mensajes y preocupaciones de dimensión universal, que en esta parte del Atlántico suelen interpretarse "en clave argentina".

A lo largo de esos encuentros, el Pontífice habló a los obispos argentinos sobre la necesidad de mostrar unidad en la Iglesia y coherencia con el magisterio del Papa, pidió atender la problemática social, se informó de nuevas situaciones vinculadas con la pobreza y los despidos y, en sendos mensajes de alcance global, insistió en denunciar los males de la corrupción, si bien no se refería exclusivamente a la Argentina.

"El pecador puede llegar a ser santo. El corrupto, no", declaró Francisco, tajante, la semana última.

"La palabra del Papa es muy clara, no hay mensajes ocultos, está todo a la vista. Su preocupación por la Argentina es constante. Recibe a todos y les dice lo que piensa", explicó una fuente eclesiástica que lo visitó hace poco, al desestimar la lógica de señales cifradas y especulaciones forzadas que muchas veces se interpretan de sus gestos y palabras.

En las últimas dos semanas, Francisco recibió a la conducción del Episcopado, encabezada por su titular y obispo de San Isidro, Oscar Ojea, y estableció contactos con dirigentes sociales.

Le respondió una carta a Hebe de Bonafini, a quien animó a "no tenerles miedo a las calumnias", y se reunió en el Palacio Apostólico con Estela de Carlotto, quien lo visitó para pedirle avances en el acceso a los documentos sobre la dictadura militar desclasificados por la Iglesia y declaró que lo vio preocupado por la Argentina.

En materia de derechos humanos, Francisco trató con el obispo de La Rioja, Marcelo Colombo, el avance de la causa de beatificación del recordado obispo Enrique Angelelli, asesinado durante la dictadura militar.

En la audiencia general del miércoles, el Papa saludó al dirigente Néstor Escudero, delegado gremial del INTI y uno de los fundadores de la Fundación La Alameda, que se ubicó en la primera fila para estrechar su mano. Se trata de un viejo amigo del cardenal Jorge Bergoglio, que viajó a Roma para participar de un seminario sobre la lucha contra las mafias. Escudero, quien junto con Gustavo Vera promovió en La Alameda el combate contra la trata laboral y sexual, le detalló a Francisco la incierta situación del INTI, con la ola de despidos y conflictos que envuelve al organismo.

Muy cerca hacían fila para saludar a Francisco la legisladora porteña Victoria Inés Roldán Méndez (Pro) y el vicepresidente segundo del Banco Nación, Agustín Pesce, ambos macristas. En esa audiencia, el Papa condenó la "plaga de la trata de personas" y pidió "unir fuerzas entre los funcionarios y la sociedad civil para combatir las mafias".

A la comisión ejecutiva del Episcopado, el Papa le pidió "ser valiente e iluminar la situación concreta del país". Los obispos Oscar Ojea, Colombo, Mario Poli y Carlos Malfa acompañaron a Francisco en la misa que ofició en Santa Marta.

En la audiencia privada que tuvieron dos días después repasaron la agenda pastoral de la Iglesia y Francisco los animó a reforzar su presencia "con coraje evangélico, donde nuestros hermanos nos necesitan". La situación de los pobres y los excluidos asomó al tope de las preocupaciones. En esa línea, la nueva conducción episcopal objetó la reforma laboral e, incluso, la del Ministerio Público Fiscal, que incluía la eliminación de las oficinas de acceso a la Justicia que funcionan en villas y barrios vulnerables.

 

Fuente: La Nación

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