Cada vez que conocemos más detalles de los daños causados por los huracanes Irma y María hay que llegar a la conclusión de que en la labor de reconstrucción del país debemos ser intensos.

Los grandes cataclismos suelen dejar una sensación de desánimo colectivo ante la ingente tarea de recuperar al país de los daños y si a eso se agrega que solo un actor participa de los arreglos, el Estado, la gente se retrae de contribuir, lo que baja todavía más el espíritu de todos.

Durante muchos años la República Dominicana sustentó su desarrollo en lo que se denominaba como “la economía del postre”, en la que rubros como el azúcar, el café y el cacao representaban los grandes pilares para producir divisas.

Por más que sepamos, con sufi ciente antelación, las previsibles áreas de impacto de una tormenta o un ciclón y de las necesidades básicas que tienen que ser cubiertas para proteger a la ciudadanía, las fallas siempre afl oran en el momento crítico.

Podemos concluir que la República Dominicana se ha salvado de los fuertes vientos de los huracanes Irma y María que han recorrido con furia la región del Caribe. Muchas de las islas han sido duramente impactadas como San Martín, Barbuda, Islas Vírgenes, Dominica, Puerto Rico, Cuba y La Florida.

El huracán María, con una trayectoria bastante parecida a la de Irma, nos “visitará” en las próximas horas y es necesario volver a recordar las medidas que se deben tomar para evitar pérdidas de vidas en la población.

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