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Altagracia Paulino: Sorprenden las mentes criminales en el país

08 Septiembre 2017

Los actos macabros de la última semana de agosto dejaron un visillo que puso al descubierto que hemos perdido la capacidad de asombro, y con ella una sociedad en crisis, pero que todavía reacciona ante la pretendida impunidad de los criminales.

Es difícil obviar hablar de Emely, esa muchachita de Cenoví, humilde, graciosa, enamorada y embarazada de 5 meses, que murió en manos de un cobarde verdugo que le negó la oportunidad de ser madre.

Marlon y su madre tenían tan al menos a Emely, que pensaron que como era “pobre” su desaparición iba a pasar desapercibida, y se volvieron cómplices de un crimen que jamás será borrado de la memoria de este pueblo, que tuvo la determinación de ser solidario y levantarse a reclamar justicia hasta lograrlo.

Si no es por la acción de la población, es posible que la coartada de la madre, una mujer conocida como “muy poderosa” en la comunidad, por sus vínculos políticos, hubiera tenido resultados y nadie supiera de Emely.

Por suerte, no hay crimen perfecto y los muertos tienen la capacidad de hablar, como diría nuestro querido patólogo Sergio Sarita. Emely lo dijo todo: cómo fue golpeada en la cabeza hasta morir, cómo se intentó simular un aborto, cómo la introdujeron en un saco, luego en una maleta y llevada a varios lugares para despistar a los investigadores.

Buscando a Emely aparecieron los cadáveres de Dioskary Gómez, una estudiante universitaria de 18 años, y Rosalinda Jean Pérez. La madre del principal sospechoso de la muerte de Dioskary, el padrastro, dijo que no creía que su hijo fuera capaz de un crimen como ese, pero que si era culpable, que pagara por el mismo.

Rosalinda Jean Pérez, enterrada en una construcción en Nigua, cuyo asesino fue su ex marido, cerró una semana de espanto. El final de agosto desenmascaró parte de las mentes criminales que tenemos en el territorio, las distintas formas de deshacerse de las víctimas es de películas de terror.

Tras estos hechos, los cuestionamientos y los análisis de toda índole han estado en el tapete, tanto como para hacer un tratado de las distintas versiones de expertos y gente sencilla que, obviamente, rechazan estos hechos.

Pero la soberbia y el machismo también se aprenden en el hogar. Una madre debe educar a sus hijos en los más altos estándares de valores, comenzando por el valor de la vida.

A Emely la mataron, pero ella ha nacido de nuevo en todos los vientres de las mujeres dominicanas, que no permitirán que se repita el abuso y la barbarie.

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