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Euri Cabral: De lo que nos salvó Dios…

09 Septiembre 2017

Nuestra nación acaba de salir airosa de una de las situaciones más complicadas de los últimos 90 años. El hecho de que el poderosísimo huracán Irma no entrara de manera directa ni provocara grandes daños, solo tiene una explicación: El cuidado y la bendición de Dios para nuestra tierra.

Algunos científicos de la meteorología dirán que fue fruto del azar la desviación de ese peligroso fenómeno atmosférico, que todavía es un grave peligro para Cuba y Florida. Pero los que tenemos fe y sabemos que la fe mueve montañas, estamos convencidos de que, como resultado de amplias cadenas de oración que se activaron en todo el país, fue la mano divina de Dios que provocó que Irma se fuera alejando cada vez más y más de las costas dominicanas. Dios nos salvó de una desgracia de tal magnitud que pasarían varios años para poder restablecer los daños y continuar el desarrollo alcanzado. El huracán Irma es el más grande y poderoso que ha pasado por el Caribe en toda la historia. Su fuerza descomunal llegó a desafiar los parámetros con que se miden los huracanes, pues aunque era categoría cinco, la fuerza de sus vientos pasaron los niveles de esa clasificación y prácticamente crearon una nueva categoría para huracanes, la categoría seis.

Si Irma tocaba el país, hubiesen miles de muertos y centenares de miles de pesos en pérdidas materiales. Se iba a detener el gran progreso y estabilidad económica que le ha caracterizado en los tres últimos gobiernos. Iba a ser una verdadera tragedia de magnitudes históricas. Y para tener una idea de lo que pudo haber hecho Irma, echemos un breve vistazo histórico a lo que han hecho los cuatro principales ciclones que han tocado la tierra dominicana. Los huracanes que más efectos dañinos han provocado a nuestro país han sido San Zenón, en 1930, Flora en 1963, David junto a la tormenta Federico, en 1979 y George, en 1998. El ciclón de San Zenón provocó más de 4,500 muertos, más de 20 mil heridos y un costo económico de más de 20 millones de dólares de esa época, 1930. El ciclón Flora provocó más de 400 muertos, y una pérdida de más de 60 millones de dólares de la fecha, 1963. Por su lado el ciclón David y la tormenta Federico, con solo una semana de diferencia entre ellos, han sido los más destructivos de la historia dominicana. En agosto-septiembre de 1979 provocaron la muerte de entre 2 mil y 4 mil dominicanos, desarticularon por completo el sector agropecuario, destruyeron centenares de obras de infraestructura y provocaron pérdidas por más de mil millones de dólares. Y entre los dos no tenían la fuerza ni el alcance que ahora presenta Irma.

El ciclón George tocó tierra dominicana en septiembre del 1998, provocó la muerte de unos 250 dominicanos y pérdidas económicas por el orden de los 1,300 millones de dólares. Como hemos podido constatar, los cuatro principales ciclones que han afectado a la nación dominicana y que han provocado daños muy considerables de pérdida de vida y recursos económicos, todos han tenido una dimensión y una potencia mucho menor que la de Irma.

Eso muestra con profunda claridad la magnitud de la posible desgracia de la que nos salvó Dios. El pueblo dominicano está bendecido, cuidado y protegido por la mano del Dios Todopoderoso, que llena de amor y de misericordia celestial a todos los habitantes de nuestra tierra.

Debemos felicitar a las autoridades y al presidente Danilo Medina por tomar las precauciones debidas para evitar daños en caso de que Irma tocara nuestro suelo.

Pero la gracia y la misericordia de Dios fueron decisivas.

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