Henry Mejía Oviedo: Ante la invasión francesa

06 Diciembre 2017

Por el Tratado de Basilea de 1795, que ponía fin a la guerra que las enfrentó, Francia recibió de España la totalidad del territorio de la isla que compartían, al ceder la parte esté bajo su dominio, recibiendo a cambio las provincias Vascongadas y Cataluña, que le habían sido arrebatadas.

Este acuerdo se efectuó sin tener en cuenta los intereses de los habitantes de la parte española, quienes expresaron su disgusto emigrando masivamente a Cuba, Puerto Rico y Venezuela por razones religiosas, de lealtad a la corona, y también culturales y políticas. Según estimados, más de dos tercios de la población autóctona, especialmente la formada por blancos, personas acomodadas y descendientes de españoles, abandonó la isla. Esta sangría demográfica, o despoblamiento,  sería difícil  de superar, provocando cambios sensibles en la composición étnica de la población que no emigró.

El dramatismo del éxodo se puede conocer en un documento  que atesora el Archivo General de Indias, con fecha 27 de febrero de 1798, a un mes escaso de producirse la ocupación francesa. Está firmado por dos oidores de la Real Audiencia de Santo Domingo, los señores Pedro Catani y Melchor Josef de Fonserrada, quienes dirigen su misiva a Don Manuel Godoy y Álvarez de Faría, Príncipe de la Paz, primer ministro del rey Carlos IV.

En este memorial, de manera respetuosa, pero a veces irónica, se detallan las razones que aconsejaban el pronto traslado de la Real Audiencia de Santo Domingo a Puerto Príncipe, en Cuba, actual ciudad de Camagüey. Es evidente que los espantados oidores no estaban de acuerdo con el Tratado, pero se sometían a los designios superiores, sin dejar de entrever sutilmente su protesta.

Las razones aducidas por los oidores se basaban en que ya la mayoría de los ministros de la Audiencia habían emigrado a Cuba; los archivos habían sido evacuados a La Habana, junto a los Eclesiásticos y Contenciosos de Gobierno, y por último, que por la situación descrita, no se estaban celebrando, ni se podían celebrar audiencias,  estando paralizada del todo la administración de justicia. También se informaba que los franceses habían ocupado las regiones de Neiba, San Juan, Bánica, Dajabón y Monte Cristi, observándose en el resto del territorio una situación de pánico y fuga desesperada.

Quizás lo más interesante del memorial, además de describir la atmósfera reinante en momento tan crucial, es cómo recoge y deja fijado para la historia la actitud del pueblo llano, negro y mestizo, ante la situación creada, muy diferente a la de las clases más pudientes, partidarias de la monarquía. “La gente parda y de color, que es casi el restante de la población- se afirmaba. Ama el liberte y el egalite que brindan los franceses. Aman su suelo nativo, aman las relaciones de familia y entrelazados en estos vínculos, ni quieren dejar el modo de vivir, ni emigrar a buscar otro nuevo”.

Los descendientes de esclavos, quedaba probado, amaban más  a la libertad y a la igualdad que prometían los franceses que a la monarquía española que había lucrado con sus sufrimientos, y ahora los abandonaba. “Aman su suelo nativoÖ”, se subrayaba, y era esta una poderosa razón para no abandonarlo, arrostrando todos los peligros. Una hermosa lección.

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