Hoy se conmemora el 174 aniversario de la Batalla del 30 de Marzo, acontecimiento que marcó la consolidación de la Independencia Nacional, al mando de los generales José María Imbert y Fernando Valerio.

Después de siglos y siglos de eurocentrismo —tanto en el arte como en la religión— se sedimentó la imagen más conocida de Jesús: un hombre blanco, barbudo, de cabello largo castaño claro y ojos azules.

El Viernes Santo es el día durante el cual se conmemora la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz. Según señala la Iglesia Católica, en este día Jesús entregó su cuerpo y derramó su sangre para el perdón de los pecados y para la salvación de los hombres.

La batalla del 30 de marzo de 1844 es un acontecimiento controversial en la historia nacional, ya que para unos historiadores no fue tal, sino una escaramuza, pero lo cierto es que se convirtió en elemento de orgullo y sentido patriótico para el pueblo de Santiago, comunidad que tiene una impronta de lucha y sacrificio en el discurrir de la nación para consolidarse libre y soberana.

Una serie de esculturas del siglo XVIII que recorren la Pasión de Cristo hasta el apocalipsis bíblico, en su mayoría pertenecientes a una colección privada, constituyen una propuesta para admirar el arte barroco hispano-guaraní en el contexto de la Semana Santa de Asunción.

 La historia lo narra. Hubo un presidente de México que era de origen dominicano. Se trata de Emilio Portes Gil, un abogado que gobernó de forma interina el país azteca del 1 de diciembre de 1928 al 4 de febrero de 1930.

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