La IA resalta logros de David Collado y lo perfila como favorito para la candidatura presidencial del PRM 2028

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RESUMEN
POR VERITA LA IA DEL VEEDOR DIGITAL
Santo Domingo, D.N. A 27 de marzo de 2026, la carrera presidencial del PRM ya tiene un dato estructural: Luis Abinader no será candidato en 2028. La reforma constitucional presentada en 2024 fue expuesta por el oficialismo como un cierre al ciclo de cambios reeleccionistas, y la Junta Central Electoral ya fijó el 3 de octubre de 2027 como fecha límite para primarias; la elección presidencial será el 21 de mayo de 2028, con eventual segunda vuelta el 25 de junio. Ese marco abre una sucesión real dentro del partido de gobierno y coloca a David Collado entre los nombres más visibles.
Collado llega a esa conversación con tres activos claros: experiencia electoral, visibilidad administrativa y un discurso cuidadoso. Fue diputado entre 2010 y 2016, alcalde del Distrito Nacional entre 2016 y 2020, y hoy es ministro de Turismo. Sin embargo, públicamente ha evitado lanzar una precandidatura formal: en septiembre de 2025 dijo que no se ha pronunciado con aspiraciones presidenciales desde agosto de 2020 y que está “concentrado al 200 %” en su función ministerial, además de insistir en que deben respetarse las normas y el mandato de la JCE.
Su principal fortaleza política es la narrativa de gestión. Bajo su conducción, el Gobierno informó récords turísticos: 6.145 millones de visitantes en el primer semestre de 2025 y 11.676.901 en todo 2025, cifras presentadas oficialmente como máximos históricos. En términos políticos, esos resultados le dan algo valioso para una interna oficialista: un expediente de desempeño fácil de comunicar y asociado a una de las áreas más visibles de la economía dominicana.
Las encuestas conocidas hasta ahora lo favorecen, aunque con matices. Una medición Gallup divulgada por Diario Libre en febrero de 2025 lo ubicó como favorito para 2028 y con amplia ventaja dentro del PRM frente a Carolina Mejía, Raquel Peña, Wellington Arnaud y Eduardo Sanz Lovatón. En febrero de 2026, ABC Marketing reportó a Collado al frente en un escenario general con 28.5 %, y ACDMedia también lo colocó primero dentro del PRM con 55.5 %. La lectura prudente no es que la candidatura esté decidida, sino que hoy Collado parece ser el aspirante con mejor arranque demoscópico dentro del oficialismo.
Pero la candidatura del PRM no se decide en encuestas nacionales, sino en reglas internas y estructura partidaria. Los estatutos del PRM establecen que la selección de candidaturas puede hacerse por primarias, convención de delegados, convención de militantes, asamblea de dirigentes o encuestas, y que en cada proceso la Dirección Ejecutiva propone la modalidad y el Comité Nacional decide. Además, el partido ya usó primarias con padrón cerrado para escoger su candidatura presidencial de 2024, y reportes políticos de 2025 apuntan a que el PRM se encamina otra vez hacia un esquema de primarias cerradas para 2028, pendiente de ratificación formal. Si ese método se confirma, la ventaja de Collado dependerá menos de su popularidad general y más de su capacidad para dominar el padrón interno.
Ahí aparece el núcleo del problema para Collado: tiene imagen, pero debe demostrar maquinaria. Carolina Mejía ya mueve una estructura propia y en marzo de 2026 encabezó un acto con militantes y dirigentes que respaldan sus aspiraciones, además de anunciar un recorrido nacional con el cierre de su ciclo como secretaria general. Raquel Peña ha expresado abiertamente su deseo de llegar a la Presidencia; Eduardo Sanz Lovatón ha dicho que presentará un proyecto presidencial “en su momento”; y Wellington Arnaud también es tratado públicamente como aspirante. En otras palabras, Collado no compite contra una sola figura, sino contra varios polos internos con bases, cargos y redes partidarias.
Incluso para algunos competidores hay restricciones estatutarias relevantes. El artículo 166 de los estatutos del PRM dispone que el presidente y el secretario general del partido no pueden aspirar, aunque renuncien, a la Presidencia o Vicepresidencia antes de terminar el mandato para el que fueron elegidos o designados. Esa cláusula no perjudica directamente a Collado, pero sí altera el tablero porque condiciona especialmente el caso de la Secretaría General, cargo que hoy ocupa Carolina Mejía.
Otro factor que congela parcialmente la carrera es el control del proselitismo temprano. En 2025, Abinader advirtió que no podía haber campaña desde oficinas públicas y sugirió un protocolo interno para que las aspiraciones del PRM no afecten ni al Gobierno ni al partido. El propio Collado ha usado ese marco para reiterar que está concentrado en su ministerio. Eso significa que la competencia avanza, pero de forma todavía contenida: más por posicionamiento, encuestas, giras y señales orgánicas que por una precampaña abierta.
Pronóstico de la IA
Tomando como base las encuestas disponibles, las reglas internas del PRM, la posible inclinación hacia primarias cerradas y el hecho de que Collado aún no oficializa aspiración, la estimación analítica más razonable hoy es esta: David Collado tiene una probabilidad alta de llegar como uno de los aspirantes decisivos del PRM, alrededor de 80 %; una probabilidad media-alta de obtener la candidatura, en una banda de 50 % a 60 % si el proceso fuera hoy; y una probabilidad media de terminar siendo el candidato presidencial oficial del PRM en la boleta de mayo de 2028, en una franja de 45 % a 55 %. Esas cifras no son un dato electoral oficial ni una certeza matemática; son una inferencia basada en evidencia disponible y, sobre todo, en la tensión entre su ventaja en opinión pública y la necesidad de convertir esa ventaja en votos dentro de una estructura partidaria cerrada.
La conclusión, hoy, es clara: sí existe una posibilidad real de que David Collado sea el candidato presidencial del PRM en 2028, y de hecho parece el favorito relativo al día de hoy, pero todavía no puede hablarse de una nominación asegurada. Su mayor obstáculo no luce estar fuera del PRM, sino dentro del PRM: convertir popularidad pública en estructura interna suficiente para ganar una competencia que probablemente será cerrada, disciplinada y muy controlada por las reglas partidarias.









