Medio Ambiente

Boca Chica busca recuperar con manglares una barrera natural para sus playas

La restauración suma 480 plantas y busca alcanzar las 1,000


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En la Bahía de Andrés, en Boca Chica, pequeñas plantas de manglar rojo comienzan a echar raíces con un propósito que va más allá de recuperar la vegetación de la costa, ayudar a proteger la playa, conservar la biodiversidad y sostener actividades como la pesca y el turismo.

Durante una jornada de restauración, DP World y la Fundación Verde Profundo sembraron unas 80 plántas, que se suman a las 400 que ya habían sido colocadas en el área.

La meta es alcanzar 1,000 manglares antes de finalizar el año.

Deterioro de los ecosistemas costeros

El proyecto parte de una preocupación por el deterioro que han experimentado los ecosistemas costeros de Boca Chica debido al crecimiento de la población, el desarrollo urbano, la actividad turística y los efectos de fenómenos naturales.

Una barrera natural

El manglar cumple una función que muchas veces pasa desapercibida para quienes visitan la playa.

Sus raíces ayudan a retener los desechos que son tirados por los humanos al agua desde distintas partes del país y a disminuir la energía de las olas, por lo que actúa como una barrera natural que contribuye a proteger la costa durante tormentas.

También sirve como un refugio para peces, cangrejos, aves y otras especies que dependen de estos ecosistemas para sobrevivir.

Los responsables del proyecto explican que la conservación de los manglares está relacionada con la propia permanencia de la playa.

A esto se suman los pastos marinos y los arrecifes de coral, que ayudan a reducir la fuerza del oleaje y favorecen que la arena permanezca en la costa y su reproducción.

De acuerdo con Mónica Herrera, parte del equipo de Verde Profundo, los trabajos de restauración desarrollados desde 2017 han contribuido a recuperar unos 1,500 metros de playa.

Del vivero a la bahía

Antes de llegar a su estructura, las plantas pasan por un proceso de adaptación en un vivero.

Los propágulos, estructuras reproductivas de los manglares, son recolectados en la isla La Matica, en la misma Boca Chica, a unos metros de donde son replantados y mantenidos durante varios meses en condiciones que les permiten acostumbrarse al agua salada, el calor y el sol.

Luego son trasladados a estructuras de bambú instaladas a unos 200 metros de la orilla de la playa, donde continúan su crecimiento.

Metodología

Con el tiempo, la metodología de plantación también ha evolucionado.

El primer modelo utilizado para las estructuras fue construido en hormigón, pero actualmente se utilizan macetas de bambú para facilitar el establecimiento de las plantas y disminuir parcialmente el impacto del oleaje.

Las pequeñas plántulas que ahora ocupan estos espacios deben desarrollar raíces aéreas a medida que crezcan y, con el tiempo, convertirse en parte de una barrera natural más amplia.

Protección para la pesca y el turismo

La restauración ambiental también tiene un impacto directo en las comunidades que dependen de la costa. En Boca Chica, la mayor fuente de ingresos de los que residen allí es la pesca, mientras que el turismo representa una de las principales actividades económicas del municipio. Por eso, para los promotores del proyecto, conservar los ecosistemas costeros significa también proteger las condiciones que permiten desarrollar ambas actividades.

La iniciativa busca, además, que Boca Chica pueda ampliar su oferta turística y avanzar hacia el ecoturismo, mostrando a visitantes, turistas y residentes los arrecifes de coral, los manglares y otras especies que forman parte de su ecosistema.

Fuente: Diario Libre

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