Columnas

Abinader y la realidad

Por: Rafael Ciprián

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El presidente Abinader puede hacer que nuestro país alcance los grandes avances que necesitamos.Y lo bueno es que ha probado, en el breve tiempo de su gestión, que tiene voluntad política manifiesta para impulsar los cambios. Sabemos que no es hombre de manejos demagógicos ni politiqueros.

Tiene un sentido de la dignidad personal que lo aleja de los políticos tradicionales. Y no llegó a jefe de Estado para consolidar su existencia material, sino para impulsar la creación de riquezas, con justicia social y respeto al orden institucional. Por eso lo vemos concertando con las fuerzas políticas y sociales. Quiere un gobierno nacional, con todos y para el bien de todos.

La sociedad que respeta su orden constitucional tiene el presente y el futuro asegurado. En ella reina la justicia social. Genera paz, armonía y sentido de dignidad en cada uno de sus miembros. Esto se debe a que cada hombre o mujer se convence de que sus derechos fundamentales no serán violados impunemente. Y cuando se produzca una arbitrariedad en su contra, sabe que puede recurrir en sede administrativa o por la vía jurisdiccional a reclamar sus derechos. Entonces, se hará justicia, dándole a cada uno lo que le pertenezca.

Así los jueces aplicarán, si son del orden judicial, el sistema difuso del control de la constitucionalidad para inaplicar hasta las leyes injustas que perjudiquen a los ciudadanos.

Si se trata del Tribunal Constitucional, aplicará el sistema concentrado de ese control para declarar nulas las normas y, por tanto, expulsarlas del sistema. Todo esto se hará, con mayor prontitud y firmeza que nunca, y con una administración de justicia imparcial, objetiva, independiente, pronta y eficaz.

Cuando los capitalistas nacionales y extranjeros comprueben los grandes avances institucionales, no vacilarán en invertir sus capitales aquí. Todos los inversionistas tienen un olfato de felino para descubrir dónde están dadas las mejores condiciones para hacer negocios. Y ahí van, como aves migratorias.

Nuestro país experimentará un extraordinario desarrollo económico y un real progreso social con solo brindar la seguridad jurídica que la comunidad y el mundo esperan. Si existe la voluntad política, esa tarea sería sencilla de cumplir.

George Washington no se equivocó cuando afirmó que la justicia es el primer puntal de la democracia. Ni Confucio estaba perdido en el momento en que sentenció que donde hay justicia, no hay ni hambre.

Y el gran aporte institucional que nuestro pueblo espera de su presidente Abinader pasa por el tamiz del respeto a la Carta Magna. Si lo logra, se llenará de gloria, porque la corrupción, el clientelismo y el patrimonialismo quedarán sepultados en el zafacón de la historia.

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