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¡APLAUSOS DE PIE! EL VALIENTE GENERAL MEJÍA, LE CANTA LA TABLA A PETRO


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Una fuerza armada profesional existe para servir a la nación, proteger su soberanía y defender el orden constitucional, no para convertirse en instrumento de una facción política, un partido o un líder en particular. Su lealtad debe estar dirigida a la Constitución, las leyes y al pueblo en su conjunto, entendiendo que los gobiernos son temporales, mientras que las instituciones de la República deben permanecer.

 

Cuando el componente militar mantiene su carácter institucional, prevalecen valores como el honor, la disciplina, la obediencia a la ley y el compromiso con el interés nacional. En cambio, cuando se politiza, corre el riesgo de dividirse, perder credibilidad ante los ciudadanos y alejarse de su misión fundamental. La historia demuestra que las naciones más estables son aquellas donde los militares actúan como garantes de la institucionalidad y no como actores partidistas.

La verdadera grandeza de una fuerza armada no se mide por su cercanía al poder político de turno, sino por su capacidad de mantenerse firme en sus principios, proteger a todos los ciudadanos sin distinción y preservar la continuidad de la República por encima de las diferencias ideológicas. Los partidos pasan, los gobiernos cambian, pero la patria, sus instituciones y su pueblo permanecen.

Fuente: to2encargo_hardward