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Bolsillos bajo presión: este es el precio que podría condicionar a los votantes latinos


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Desde hace meses, en las gasolineras de Estados Unidos abundan lo mismo los precios al alza que los rostros de preocupación. Y a dos semanas de las elecciones de mitad de mandato, la situación se encamina a ser uno de los factores que más influyan en la decisión de los votantes, según diversas encuestas.

“Entre más sube la gasolina, más caras se ponen las cosas. Entonces, ya no se puede comprar como se compraba antes, más cómodo”, dice a CNN un conductor —que rechaza dar su nombre— en la estación cercana al Aeropuerto Nacional Reagan, en Washington.

Al igual que él, muchos ciudadanos ven con angustia cómo el incremento en el precio de los combustibles afecta sus bolsillos. La preocupación es común entre el electorado, pero entre la población latina se ubica en la cúspide.

Una encuesta del Pew Research Center publicada el viernes señala que la economía es el tema que más interesa a los votantes latinos de cara a las elecciones del 3 de noviembre y, dentro de ese rubro, el precio de la gasolina y la energía está en el primer lugar, con el 80% de las menciones, empatado con el costo de la vivienda.

Detrás les siguen los precios de la comida y otros bienes de consumo, con el 78%, y de la atención de la salud, con el 77%.

En una economía como la de Estados Unidos, en la que los productos y servicios recorren grandes distancias —en las calles, en carreteras o incluso en barco o en avión—, los precios de energéticos tienen un efecto dominó.

A finales de septiembre, el precio de la gasolina regular se ubicó en US$ 4,30 por galón, lo que representa un aumento del 43,9% en comparación con el precio del año anterior, cuando fue de US$ 2,99, según los registros de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés).

El principal factor que ha impulsado esta subida ha sido la guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron a finales de febrero con Irán, con el argumento de que el país representa una amenaza para su seguridad y la seguridad global, algo que las autoridades iraníes rechazan. Desde los primeros ataques, el conflicto ha impactado no solo en el mercado y los precios globales del petróleo, sino también en las finanzas de los estadounidenses.

“¿Cómo le afecta a usted el bolsillo?”, pregunta CNN al conductor entrevistado en la gasolinera cercana al Aeropuerto Reagan.

“Bastante”, responde. “Pues sí, porque menos le rinde el dinero a uno, porque compra poco con lo que uno gana”.

Un barril de US$ 100, un tanque cada vez más caro

La guerra con Irán y el bloqueo que las fuerzas iraníes han impuesto en el Estrecho de Ormuz, por donde circula alrededor de un cuarto del petróleo que se comercializa en el mundo, han provocado una subida en los precios del crudo. A lo largo del año, el WTI y el Brent —referencias internacionales— incluso han superado los US$ 100 por barril.

En Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump ha hecho de los hidrocarburos uno de sus principales símbolos políticos con lemas como “Drill, baby, drill!”, este encarecimiento se ha vuelto un obstáculo para la promesa del mandatario de aumentar la producción y alcanzar la independencia energética.

Hoy, el país exporta casi un tercio del petróleo que produce e importa casi un tercio del que consume, según la EIA. Esto se debe a que el crudo estadounidense es útil para producir gasolina pero no tanto para otros productos derivados, como diésel o queroseno. Por eso es que necesita importar una alta proporción de esos insumos o un hidrocarburo más pesado. Y por eso también es que el costo de vida se ha ido encareciendo.

Un ejemplo claro de esto lo da el diésel, el combustible que usan los camiones de carga y algunos aviones. En septiembre, el diésel alcanzó US$ 6,50 por galón, un precio que representa un incremento del 86% en lo que va del año y que ha llevado a algunos republicanos a plantear que por el momento se prohíban las exportaciones de diésel, con el fin de abastecer la demanda nacional.

En este contexto, los efectos de la subida de los combustibles amenazan con extenderse del campo de la economía al de la política electoral, donde Trump y los republicanos tratan de convencer a los votantes de ayudarles a mantener la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes.

“La gasolina, en efecto, tiene un peso político mucho mayor que el que representa dentro de la canasta de consumo de los estadounidenses, porque su precio es extremadamente visible, los estadounidenses que manejan todos los días ven el precio a diario”, dijo Xóchitl Pimienta, profesora de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey.

Los precios altos, el bolsillo y una elección en puerta

En la gasolinera cercana al Aeropuerto Reagan, un padre de familia —quien también rechaza dar su nombre— reconoce que a veces no solo tienen que limitar cuánto desembolsan en gasolina sino sus gastos en general.

Otro conductor —que tampoco quiso identificarse— comparte el mismo pesar.

“No solo la gasolina… La comida, la renta, todo estamos, pero sí que no hallamos para dónde agarrar. Yo no sé hasta cuándo vamos a durar con esta cosa, cuándo esto va a terminar”, dice.

Un estudio de la consultora Deloitte señala que los consumidores están compensando el golpe de la escalada ahorrando menos, algo que ya era un reto para muchas familias. A comienzos del año, la tasa de ahorro era del 4%, por debajo del 6,2% registrado entre 2016 y 2019, según Deloitte.

De acuerdo con varios analistas, el alza de precios de los combustibles y la inflación en general serán factores clave en las próximas elecciones de medio término, más aún cuando el propio presidente reconoce que la situación no cambiará pronto porque no hay indicios de que la guerra con Irán vaya a terminar en el corto plazo.

“Aunque no están en recesión y el desempleo sigue relativamente bajo, lo que siente la gente es que no le está alcanzando y, en unas elecciones de medio término, esa percepción se convierte en un voto retrospectivo. El elector dice: ‘Vamos a evaluar a este partido y lo vamos a castigar si consideramos que la situación económica no mejora o empeora’”, dijo Xóchitl Pimienta, la académica del Tecnológico de Monterrey.

A finales de julio, una encuesta de CNN daba a los demócratas una ventaja de ocho puntos en la contienda por el Congreso. Para finales de septiembre, esa diferencia rondaba los dos dígitos, con lo que los republicanos perderían su peso legislativo para la segunda mitad del mandato de Trump.

Con ese camino cuesta arriba, durante las últimas semanas de campaña la Casa Blanca ha intentado aliviar el golpe de los altos precios de los combustibles. El 21 de septiembre, el vicepresidente JD Vance planteó bajar la carga fiscal. “Una de las cosas de las que ha hablado el presidente es alentar a algunos estados a aliviar a los estadounidenses reduciendo los impuestos sobre la gasolina”, dijo Vance a periodistas.

Otros gobiernos han recurrido a esta estrategia pero, dado que aplicarla significa que los estados tengan menos recursos, no es popular entre los gobiernos locales y no soluciona el problema de fondo.

La factura política de una economía difícil

José, quien trabaja en mudanzas, dice que los números simplemente no le dan. Antes llenaba el tanque de su auto con US$ 25 para un día de trabajo. Ahora debe gastar US$ 35, por lo que ha tenido que “ajustar” su presupuesto para vestimenta y comidas.

Hoy, los precios de la gasolina ya sobrepasaron los niveles más altos del mandato de Joe Biden (2021-2025), aunque algunos asesores de Trump y republicanos en el Congreso insisten en que el costo de la vida es consecuencia del mal manejo de la economía que atribuyen al exmandatario demócrata.

Sin embargo, muchos especialistas rechazan este argumento y no solo advierten que este Gobierno ya tiene más de año y medio de gestión, sino que son sus políticas las que han traído los efectos que hoy enfrentan los estadounidenses.

Esto lo reconoce el votante, dicen los expertos, quienes insisten en que la economía y su reflejo en el bolsillo de cada persona serán clave en los resultados que arrojen las urnas por la noche del 3 de noviembre.

“Esperemos que esto cambie ahora con estas elecciones que vienen ahora. Yo soy ciudadano, quiero votar para ver si el voto mío llega a cambiar algo”, dice uno de los conductores entrevistados cerca del Aeropuerto Reagan, mientras aguarda por una llamada de su jefe.

Tiene la esperanza de que el teléfono suene, una señal de que en esta jornada podría tener trabajo y, de ese modo, poder “seguir sobreviviendo”.

Fuente: CNN