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China y la UE se acercan para cooperar frente a las amenazas de Trump: «Pekín y Bruselas se necesitan mutuamente»

Las amenazas arancelarias del presidente de EEUU han mejorado a ojos de los Veintisiete la percepción de las siempre complejas relaciones con el gigante asiático


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Eran muchos los análisis que hasta hace bien poco apuntaban a que la Unión Europea aspiraba a poder trabajar con Donald Trump de cara a las siempre complejas relaciones con China. En cambio, ese plan se hundió antes de arrancar por culpa de la amenaza de fuertes aranceles y de la entrada en la escena geopolítica del multimillonario Elon Musk, quien ahora, disfrazado de agitador, se dedica a promover a los políticos populistas de extrema derecha en Alemania y Reino Unido.

«Con la Unión Europea tenemos un déficit comercial de 350.000 millones de dólares. No se llevan nuestros coches, no se llevan nuestros productos agrícolas, no se llevan nada», soltó Trump en enero. En medio del excesivo ruido que rodea las primeras semanas del republicano en la Casa Blanca, una información del diario hongkonés South China Morning Post, propiedad del gigante chino Alibaba, destacaba que todas las negociaciones que Bruselas tenía en marcha con las autoridades chinas han quedado relegadas a un segundo plano, empezando por la paralización de las conversaciones sobre los aranceles a los vehículos eléctricos fabricados en el país asiático.

Esto último, según interpretan algunas voces autorizadas de Pekín, no es necesariamente una mala noticia para el Gobierno de Xi Jinping. La nueva guerra comercial de Trump, que también podría sacudir muy ponto directamente a Bruselas, puede provocar como efecto rebote que la UE rebaje la dura línea que ha estado guiando últimamente su política hacia China, marcando un deshielo en las relaciones. En la segunda economía mundial, donde mantienen una diplomacia que da especial importancia a simbólicas fechas redondas -este año es el 50 aniversario de las relaciones diplomáticas entre China y la UE-, van a buscar ese acercamiento aprovechando la incertidumbre ante los imprevisibles golpes que lleguen desde Washington.

«El regreso de Trump a la Casa Blanca ha aumentado la inestabilidad y la incertidumbre. China y la UE, como dos de las mayores economías del mundo y firmes defensores de la globalización económica y la liberalización del comercio, pueden ofrecer estabilidad para un crecimiento económico mundial inclusivo mediante una cooperación mucho más fuerte», señala Yao Ling, director del Instituto Europeo de la Academia China de Comercio Internacional, dependiente del Ministerio de Comercio chino.

Esta línea de la cooperación es la que resaltó en enero, unos días antes de la investidura de Trump, el presidente Xi Jinping cuando habló por teléfono por primera vez con el portugués António Costa, quien asumió el cargo en diciembre como presidente del Consejo Europeo. La conclusión de aquella charla fue que este año, aprovechando la celebración del medio siglo de relaciones diplomáticas, ambas partes iban a celebrar una cumbre. Esta será la primera desde finales de 2023, cuando las tensiones comerciales Bruselas se dispararon por la investigación sobre los subsidios chinos a los coches eléctricos, que terminaría el pasado octubre con la Comisión imponiendo aranceles de hasta el 35% a los vehículos fabricados en China.

«Pekín y Bruselas se necesitan mutuamente, más en estos momentos de incertidumbre global», opina Yao Ling. «El crecimiento económico de la UE sigue dependiendo del acceso al enorme mercado de China. Y hay que recordar que, durante la crisis de la deuda soberana europea, el sólido crecimiento de las exportaciones a China y la afluencia de capital chino fueron fundamentales para impulsar la recuperación económica de la UE. Según las estadísticas, el comercio bilateral sustenta el empleo de tres millones de personas en la UE y seis millones en China».

Según las aduanas chinas, el comercio entre China y la UE en 2024 fue de 785.800 millones de dólares, un 0,4% más interanual, de los cuales las exportaciones de China a la UE ascendieron a 516.400 millones de dólares (una subida del 3%), y las importaciones desde la UE se situaron en 269.400 millones de dólares (un 4,4% menos). La UE es el tercer mayor destino de exportación de China, que continúa siendo la mayor fuente de importación de los países del bloque.

A principios de semana, después de que Pekín entrara en la guerra comercial con Trump contraatacando con aranceles a productos estadounidenses, en Bruselas intervino la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien siempre ha mantenido una posición muy crítica con China, para suavizar el tono y dejar la puerta abierta a mejorar las relaciones bilaterales.

«Seguiremos reduciendo los riesgos de nuestra relación económica, como lo hemos hecho en los últimos años, pero también hay margen para interactuar de forma constructiva con China y encontrar soluciones que beneficien a ambas partes», afirmó Von der Leyen. «Creo que podemos llegar a acuerdos que podrían incluso ampliar nuestros vínculos comerciales y de inversión. Es una línea muy fina que debemos recorrer, pero puede llevarnos a una relación más justa y equilibrada con uno de los gigantes económicos del mundo».

Ha sido la segunda vez en 15 días -la primera fue durante una intervención en el Foro de Davos- que Von der Leyen deja atrás la retórica de ataque que acostumbraba hacia China, lo mismo que el comisario de Comercio Maros Sefcovic, quien dijo hace unos días en el Parlamento Europeo que «había margen para ampliar nuestros vínculos comerciales y de inversión con China».

Mientras Trump comienza a sacar a pasear los aranceles como arma, parece que Pekín y Bruselas, a pesar de todos los frentes abiertos que tienen, pueden dejar atrás el nivel de crispación al que habían llegado sus relaciones en muchos momentos.

Fuente: El Mundo