Columnas

Ciudadanía en ascuas

Por: Carlos Manuel Estrella

La disputa entre facciones del Partido de la Liberación (PLD), además de provocar enemistades que parecen irreconciliables, tiene impacto ciudadano múltiple, latente y evidente, reflejado en el desenvolvimiento económico y en decisiones de cara al futuro cercano.

El cerco a la sede del Congreso Nacional, expresión de fuerza de un grupo contra otro en lucha fratricida peledeísta, hace daño al sistema democrático y es otra cara del peligroso derrotero de los asuntos públicos por el absolutismo del partido gobernante que controla todos los poderes.

Si bien se trató en principio de un problema “entre peledeístas” cuyo desenlace fuese de su único interés, por ser el partido gobernante y dominante se reflejado en toda la función pública y hoy prácticamente tiene en expectativa y casi paralizada parte de la burocracia oficial.

A despecho de las instituciones formales de la democracia, los temas de mayor trascendencia son decididos en el órgano partidista estratégico que se erige en dueño de los destinos nacionales, grupo privilegiado de poco más de 30 personas que determina el rumbo de la “cosa pública”.

La arquitectura normativa del Estado, reflejada en el desarrollo de leyes y reglamentos para entes y órganos públicos, se convierte en letra muerta y toda regla escrita, consensuada y sancionada con las formalidades debidas si no es ignorada o violada olímpicamente es cumplida a medias o conveniencia.

Este cuadro, que se repite día a día sin asomo de luz al final del túnel a no ser el trauma del fraccionamiento formal del PLD, tiene a la ciudadanía en ascuas, a merced de la voluntad de dos ejemplares enjaulados en una traba en la que solo puede reinar un gallo. ¿Hasta cuándo?

Comentarios para este artículo

Mostrar más

Otros Artículos