Columnas

Conflicto y democracia

Por: Carlos Salcedo

El conflicto es connatural al ser humano. Todos recordamos experiencias de conflictos con un competidor en los negocios, un colega de profesión, un amigo, un extraño, un miembro de la familia y un político.

Para resolver las divergencias estas deben abordarse estratégicamente, considerando las diversas perspectivas y variables, viendo las cosas desde nuestra óptica y la del otro. Conocer más de la otra persona garantiza poder prever sus pasos. Estemos conscientes de que no siempre en una negociación ganar-ganar es posible.

Tenemos una perspectiva subjetiva y cambiante de la realidad y los valores y principios aplicados en un contexto conflictivo determinado están en constante evaluación personal.

Cuando nuestra perspectiva está dominada por un valor o un principio, las discusiones sobre el conflicto no serán muy placenteras. Reconsiderar viejas creencias y posiciones es una virtud.

La sensatez y el análisis crítico son guías para resolver conflictos. No basta con imaginarse por lo que la otra persona está pasando. La empatía requiere interacción, escuchar para descubrir preocupaciones, posiciones y circunstancias del otro.

Cuando los líderes políticos y económicos hablan a sus seguidores y socios por conflictos sociales o económicos, deben generar un ambiente de naturalidad del diálogo, diciendo lo que realmente piensan y no lo que ellos piensan que los otros quieren escuchar.

Las interacciones de calidad construyen confianza mutua, reciprocidad, cohesión social y valores compartidos. La capacidad de prevenir y resolver conflictos nos da la ventaja de colaboración eficaz mutua, fundamental para nuestro desarrollo.

La empatía debe ir acompañada de desapego emocional para mantener la objetividad en la evaluación del conflicto, es decir mirar al conflicto desde la objetividad, sin prejuicios. Así podremos converger en una mayor cantidad de situaciones conflictivas, encontrar más objetivos comunes, evitar malentendidos, conversar constructivamente y lograr mejores soluciones para las partes en disputa.

El conflicto no es una enfermedad social. Si lo fuera se limitaría el debate político y se devaluaría el discurso de transformación profunda de la realidad (Silva Pinochet).

Los conflictos sociales y políticos son esenciales para lograr procesos de cambios sociales más democráticos. En República Dominicana los necesitamos para conseguir un diálogo político y democratizador sincero y fructífero.

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