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Constitución y empresarios

Por: Namphi Rodríguez

La siguiente es una manida frase patentizada en el constitucionalismo dominicano por Joaquín Balaguer: “las constituciones en países como el nuestro son y serán por mucho tiempo simples pedazos de papel…”.

Los desenfrenos de Balaguer en el ejercicio del poder y de algunos de sus sucesores han llevado a la idea de que la frase es de su autoría. Pero no, la expresión es del constitucionalista alemán Ferdinand Lasalle, quien la acuñó en una célebre conferencia titulada ¿Qué es una Constitución?, dictada en 1862 en Berlín.

En su conferencia, Lasalle responde una pregunta cardinal del constitucionalismo, ¿cuáles son los factores de poder que determinan la Constitución?.

Para él, la esencia de la Constitución recae sobre la suma de los factores reales de poder que rigen el país; es decir, los intereses de los partidos políticos, de los empresarios, de las iglesias, de la sociedad civil y de las demás instituciones de la nación.

Si la Constitución no expresa esos factores reales de poder no tiene ningún valor, es, como dijo Balaguer, un pedazo de papel.

En los actuales momentos, si hay una realidad palmaria es que a Danilo le será muy difícil sobreponérsele a esos “factores reales” que desaprueban su repostulación.

Eso ha quedado claro en las declaraciones del empresario Campos de Moya, presidente del Grupo Vicini, quien ha volcado un balde de agua fría sobre las pretensiones del gobernante de envolver al país en una tensa atmósfera política hasta marzo del 2019 con el dilema de una reelección que le está prohibida.

Ni siquiera el propio partido de gobierno favorece su repostulación.

El PLD es un felino dormido que aguarda un guiño de prudencia de su dirección para emprender el camino del cambio.

La posibilidad de un juicio en el Tribunal Constitucional para contraponer la parte dogmática y orgánica de la Constitución con las Disposiciones Transitorias plantea un dilema irracional que quiebra el principio de interpretación armónica de la Constitución.

Esos son artificios de quienes medran alrededor del Presidente que procuran empujarlo a que se encharque más allá de la letra de la Carta Magna y de su propia palabra.

De ahí que se equivocan quienes piensan que el Tribunal Constitucional puede enrumbar el país por el despeñadero de naciones como Nicaragua, Honduras, Venezuela o Bolivia.

Como escribió Lasalle, “los problemas constitucionales no son, primordialmente, problemas de derecho, sino de poder, la verdadera Constitución de un país sólo reside en los factores reales y efectivos de poder que en ese país rigen, y las constituciones escritas no tienen valor ni son duraderas más que cuando dan expresión fiel a los factores de poder imperantes en la realidad social…”

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