Columnas

Covidianidad

Por: Rafael Ciprián

La palabra que sirve de título a esta entrega es un neologismo o palabra nueva que la Real Academia Española de la Lengua tendrá que oficializar, incorporándola muy pronto al Diccionario, con su definición y, quizás, sus múltiples connotaciones.

Por fortuna, son los pueblos hispanoparlantes quienes tienen la facultad de enriquecer nuestro idioma. La Real Academia de la Lengua se limita a aceptar los nuevos vocablos y acoger la significación que les den las comunidades, con sus regionalismos, coloquialismos y demás variantes lingüísticas que se requieran. A las autoridades de nuestra lengua les toca fijar, pulir y dar brillo al idioma.

Covidianidad significa, pues, cotidianidad con los niveles de normalidad que impone la pandemia del coronavirus, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denominó COVID-19. Esto es, la vida gdiaria, conviviendo con ese virus.

Y eso impone todas las medidas de protección y salubridad que recomienden la OMS y las autoridades sanitarias en cada país. Tales como el uso de mascarilla, guantes y gafas; el distanciamiento de unos tres metros con las demás personas; el lavado regular de las manos, cada vez que se toquen objetos o superficies no esterilizadas o en lugares públicos, evitar llevarse las manos a la boca, ojos y nariz; huir de los lugares muy concurridos; realizarse estudios médicos en caso de síntomas del COVID-19, entre otras precauciones.

El presidente de la República, licenciado Danilo Medina Sánchez, dentro del estado de emergencia en que vivimos, autorizó el reinicio de las actividades comerciales y empresariales, en base a un plan que establece condiciones graduales para que los diversos agentes de la economía se dinamicen, tomando las precauciones sanitarias necesarias para evitar un rebrote del COVID-19.

Y en la escala que estableció, las etapas posteriores dependerán, para entrar en acción, del éxito de las anteriores. Nos parece inteligente esa condición. Obliga a los responsables de cada nivel de apertura económica a empoderarse o asumir la responsabilidad que les corresponde.

La apertura de las actividades económicas en plena pandemia, sin haber llegado a la meseta o nivel superior del crecimiento porcentual de contagio y sin que sepamos cuándo se logrará aplanar la curva, plantea riesgos serios para la población.

Sobre todo si tomamos en cuenta la costumbre gregaria y de roce continuo de los dominicanos. También por el precario sistema de seguridad social y sanitaria que tenemos.

Además, la apertura plantea el dilema: la economía o la salud. Y es muy difícil decidir, por nuestras relaciones sociales de producción, mayoritariamente informales y con niveles tecnológicos muy bajos. Pero bienvenida sea la covidianidad. No hay de otra.

Comentarios para este artículo

Otros Artículos

Botón volver arriba