Columnas

Criminalidad crapulesca y sicariato

Por: Pedro J. Duarte Canaán.

El delincuente criollo luego de cometer un crimen es dócilmente apresado, no por la eficiencia de la uniformada (P.N.), sino por las múltiples impericias cometidas por el infractor post-delictus. Es esencialmente a-metódico, no conoce de estrategias, ni mucho menos de un plan B y C. Por lo regular, el delincuente callejero se apresura a cometer la infracción sin un croquis que garantice su salida. Los antisociales resultan (aun los más entrenados) más fácil de ser detenidos al momento de salir que al momento de entrar. El criminal del patio tiende a regresar (error de cálculo) a su hábitat, y desperdicia la oportunidad de ocultarse en un lugar donde la policía no pueda imaginarse que se encuentra. El crimen implica una estrategia de cálculo, y de ahí, que la abeja pica a sabiendas de que la pueden matar, pero se aventura a picar, y eso mismo hace el delincuente, es decir, el sujeto activo del delito piensa en todo, menos en que lo pueden atrapar luego de cometer el hecho.

La criminalidad crapulesca en nuestro país presenta un perfil muy sui-géneris, y muchos de ellos optan por la carrera delictiva producto de la marginalidad, creyendo erróneamente que por esta vía van a vencer la pobreza material. Estamos ante un grupo de jóvenes (entre 19 y 31 años), atrapados en una burbuja de marginalidad, exclusión social, inequidad, deuda social, que mientras más la pisan, explota con mayor facilidad. En la media isla los crímenes se resuelven con mayor o menor prontitud, no por la eficiencia de la institución policial, sino por los torpes perfiles, y las múltiples falencias que presentan los actores activos del delito, los cuales se exponen y se auto delatan con frecuencia. Existe una tendencia de estos sujetos a regresar a su cobija primigenia, interactúan por las noches con pseudo amigos y prostitutas, originando todo esto el inicio de los graves errores de los cálculos, luego de haber perpetrado una acción ilícita.

Un sicario profesional (el cual ha recibido plata para ejecutar una persona), por lo regular es uno sujeto metódico, que planifica, calcula y estudia a su víctima, y cada paso ejecutado por éste se encuentra íntimamente identificado con las técnicas de la geo-criminalidad. El profesional del sicariato tiende a marcharle de frente a su víctima (en 8 de 10 casos), y es un sujeto que conoce el lugar donde va a ejecutar la acción (puerta principal, salida de emergencias, ascensores, escalera alterna, etc.).

De acuerdo a una reciente investigación realizada en México en un Centro Penitenciario de Acapulco, la investigadora RUIZ VÅSQUEZ llego a la conclusión de que los sicarios entrevistados presentan cuatro características claves en su perfil, a saber.

1-EL MARGINAL. Este perfil se identificó en sicarios que provienen de zonas rurales con extrema pobreza y que producto de la actividad delictiva buscan salir de su situación económica.

2-EL ANTISOCIAL. Este perfil de homicidas se da en entornos de zonas conurbadas, donde el pandillerismo y los hechos delictivos son parte de la vida cotidiana, por lo que llegan a ser normalizados, aceptados y propiciados por los habitantes.

3-EL PSICOPÅTICO. Los principales rasgos que caracterizan a este perfil, son los de frialdad emocional, ausencia total de remordimientos, crueldad y falta de empatía.

4-EL SÅDICO. Este perfil comparte rasgos con el de psicopático, sin embargo, lo que lo diferencia es que busca causar un mayor daño a sus víctimas, por lo que en sus ejecuciones los hace con evidentes rasgos de sadismo. Su tortura suele ser como una actividad que busca detallar y que en algunas ocasiones video graba.

Continuara…

Comentarios para este artículo

Mostrar más

Otros Artículos