Editoriales Invitados

Crisis en potencia

Las grandes huelgas nacionales son esencialmente, huelgas de transporte. Amén de que bandas creen el caos, si la gente no puede movilizarse la paralización es forzosa.

La conjunción de fuerzas que se está movilizando por razones de tipo político y económico ha encontrado en el silencio y la poca capacidad de maniobra del Gobierno el caldo de cultivo adecuado para el logro de sus objetivos.

El Gobierno está atrapado en una especie de tormenta perfecta, resultado de un inadecuado manejo del gasto público, su control de los aparatos del Estado que lo hace cómplice de todos los desaciertos, y una intensa lucha por el poder a la que ha echado combustible la ambivalencia del presidente sobre la reelección.

El Gobierno pretendió financiarse en parte por medio de los combustibles sin tocar los grandes privilegios en el sector, aumentando la percepción de complicidad y, por tanto, exacerbando a fuerzas que estaban a la espera de la oportunidad de lanzarse al ruedo.

Esta vez, no bastará con tirar la guardia a la calle. Se requieren acciones políticas y económicas de gran calado.

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