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¿Cuánto cuesta y afecta mantener la vigilancia efectiva en la frontera?

Una zona geográfica altamente vulnerable, especialmente sensible, arropada por décadas de comercio ilícito de todo tipo, convierten los 391.6 kilómetros de delimitación entre República Dominicana y Haití en una especie de convulsión, caos, anarquía, casi una tierra de nadie, en la que cualquiera puede hacer y deshacer a su antojo.

Problema político, social y económico que afecta de manera permanente y preponderante a los habitantes del lado este de la isla La Española. Mucho más hoy día con el predominio de facciones beligerantes en el seno de la vecina nación, que convierte a la línea divisoria en un barril de pólvora que puede estallar en cualquier momento.

No solo para la vigilancia de parte de los cuerpos castrenses agrupados en el Cuerpo Especializado de Seguridad Fronteriza (CESFRONT), bajo la dirección del coronel del Ejército Nacional, Freddy Soto Thormann, quien tiene a cargo la difícil tarea de mantener el control y flujo de migrantes, comercio ilícito de todo tipo, que va desde comestibles, cigarrillos, combustibles, hasta convertirse en un puente idóneo para el trasiego de armas y drogas.

Los habitantes de esta inhóspita zona también corren peligro, ya que, por su extensión territorial y multifacética en cuanto a su debilidad, podría convertirse de nuevo en el foco o la mira de desaprensivos que incursionan por los puntos más agrestes y otros no tanto, de nuestra frontera nacional, lo que ha ocurrido recientemente.

Una olla de presión por todos los flancos

Cuatro puntos de chequeo estratégico, situados a todo lo largo y ancho de esta línea divisoria, que, desde hace algunos años, ha colocado a República Dominicana en el centro focal de la atención pública internacional, convierten esta área en gobierno difícil para la vigilancia efectiva.

Si a esto se suma el hecho de organismos internacionales que prohíjan el derecho a la unificación, algunos. Organizaciones “sin fines de lucro” que critican las políticas migratorias dominicanas, solo forman parte del nudo gordiano, que no puede desatarse fácilmente, y constituye un elemento más que añadir a la interacción entre ambas naciones. Otros, desde perspectivas dirigidas a la explotación y ansias de poder y de dinero, convierten esta franja divisoria en un arsenal a punto de explotar, ¡y de qué manera!

El país enfrenta vulnerabilidades a simple vista de pájaro. El costo que conlleva la tranquilidad y el desarrollo en un área catalogada como la más depauperada y conflictiva de todo el territorio, conlleva sacrificios inimaginables para los miles de habitantes que día a día ven disminuir las esperanzas de construir una zona fronteriza próspera, y la nación en general, se encuentra a expensas de situaciones impredecibles.

“La frontera domínico-haitiana, considerada, según expertos, como la frontera interinsular más compleja de todo el mundo, pues se trata de una frontera social, política y económica que divide dos repúblicas considerablemente pobladas, posee una extensión de poco más de 391 kilómetros, de los cuales 172 kilómetros están compuestos por ríos y lagos, 219 kilómetros de terreno común, 313 pirámides, 6 puentes fronterizos, 40 kilómetros de carretera internacional , 4 pasos formales (Jimaní, Pedernales, Elías Piña, Dajabón) y 14 mercados binacionales, siendo los pasos de Elías Piña y Dajabón los de mayor inconveniente al momento de indagar acerca de los problemas presentes en esta frontera, debido al constante movimiento de personas que allí se produce, tanto dominicana como extranjera”.

Estos datos provienen de la tesis para optar al título de ingeniería civil por la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) titulado “Diseño de estructuras para el control fronterizo entre República Dominicana y Haití”, sustentada por Christian N. Medina Sánchez y Susan de los Santos Miranda en 2015.

Opiniones similares en el peliagudo tema fronterizo

El vaivén en los predios fronterizos llama a preocupación, y en torno al tema, Sigfrido A. Pared Pérez, vicealmirante retirado, quien fuera tres veces director del Departamento Nacional de Investigaciones (DNI), y exministro de Defensa, expresa su opinión en torno al tema que nos ocupa, debido al avanzado deterioro de la tranquilidad ciudadana en la nación limítrofe.

Refiere al respecto que: “La situación actual es verdaderamente dramática en la vecina nación, donde las bandas y pandillas son las que marcan la pauta del diario vivir, sumiendo a esa empobrecida nación en la incertidumbre, y donde las autoridades carecen del más mínimo control, en todas las variantes políticas que sustentan a un Estado”.

Esta situación explica la razón por la que las autoridades dominicanas “deben tener y poner en carpeta, planes de contención de control y manejo efectivo de los movimientos migratorios” en caso de que continúe el desorden en todos los estamentos haitianos y se produzca una avalancha migratoria desde Haití hacia República Dominicana”. Como ha ocurrido a lo largo de la historia, quien así se expresa es el almirante ® Sigfrido A. Pared Pérez.

A la pregunta de si considera que el Poder Ejecutivo invierte en ejes puntuales y fundamentales para garantizar la seguridad nacional ante el rápido avance del deterioro en todos los órdenes que prevalece en la nación haitiana, Pared Pérez es muy claro y preciso en su respuesta:

“No creo que las inversiones actuales estén acorde a las necesidades reales

para garantizar la puesta en ejecución de dichos planes”, Sigfrido Pared Pérez.

Afirma, de manera rotunda que las mayores inversiones deben ser dirigidas en el desarrollo de todas las provincias fronterizas “para evitar que dichas regiones sigan bajando su densidad poblacional. Siempre hemos dicho que uno de los primeros renglones sobre seguridad, es tener poblaciones notables en las áreas fronterizas”.

De igual manera se expresa la candidata presidencial por el Partido Opción Democrática, Virginia Antares Rodríguez Grullón, quien puntualiza en torno a la necesidad de “establecer políticas migratorias reales y puntuales dentro de un marco regulatorio legal, bajo parámetros precisos que determinen la cantidad de migrantes a ingresar a territorio dominicano y cumplida esta cuota, regular de manera formal la estadía de dichos migrantes”.

Precisa, además, que es necesario trabajar para enfrentar y desmontar las mafias que se han adueñado de la frontera para negocios ilícitos, “es la única manera de establecer un control real desde el Estado”. Va un poco más lejos, y con gran convicción manifiesta que en su programa de gobierno contempla una reforma sustancial en las Fuerzas Armadas con miras de lograr un efectivo control en la amplia zona divisoria, así como un mejor manejo de las aduanas que funcionan en este lugar.

Un militar dominicano custodia la frontera dominico haitiana en la zona donde está construido el muro.

El muro, verja perimetral para reforzar vigilancia enfrenta criterios y pareceres

Mientras el militar retirado Pared Pérez considera vital la construcción del muro fronterizo para fortalecer todos los esfuerzos de control de todo tipo, “más en aquellos lugares en los que el acceso a vehículos es muy limitado, pero también debe ir acompañado de otro muro adicional, el de políticas de desarrollo –y en este punto es reiterativo y enérgico—que aumenten la calidad de vida de todos los dominicanos que vive y puebla la línea fronteriza. No es por capricho ni por azar, el dicho de que la frontera es donde comienza la patria”.

Sin embargo, para la candidata presidencial Rodríguez Grullón, dicha construcción no parece viable, “ya que el único muro que va a funcionar en la frontera es el muro institucional”. Agrega que no se ha tomado en cuenta, por ejemplo, el desastre medioambiental de dicha edificación, mencionando la destrucción de un ecosistema vital para la nación como los manglares de Montecristi, zona ecológica que ha dejado sin hábitat a cientos de especies marinas y avícolas, “siendo esta provincia la de menor flujo migratorio en el área de la frontera”.

Al final, todo se reduce al incremento de la violencia y las repercusiones que esta situación puede acarrear al país. En tanto, la Memoria Institucional de 2023 publicadas en el sitio web del Ministerio de las Fuerzas Armadas, ofrece un panorama diferente y muy alentador. Y ya que no se pudo tener acceso a ningún vocero oficial, Panorama toma los datos ofrecidos por el propio ministerio con relación al tema.

Dichos datos indican que, “el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (CESFRONT), desempeñando su papel como cuerpo de defensa, llevó a cabo un total de 11,786 patrullas en la zona fronteriza en las provincias, Dajabón, Montecristi, Independencia, Pedernales y Elías Piña, en el periodo del 2023, lo que representa el 100% del total de patrullas planificadas, con una inversión de cuatrocientos un millones doscientos setenta y dos mil ochocientos quince pesos con 36 centavos (RD$401,272,815.36), de los fondos del presupuesto del CESFRONT, lo que contribuye a fortalecer los controles de seguridad fronterizos en los cruces formales y áreas asignadas al CESFRONT, teniendo un impacto en la disminución de la migración irregular, trata y tráfico de personas, contrabando de mercancías, depredación ambiental, sustancias controladas, robo de ganado y vehículos, entre otros ilícitos.

Sobre la construcción del proyecto para desarrollar un sistema integrado de seguridad fronteriza, “el ministerio ejecutó dos mil 105 millones, 159 mil trescientos siete pesos,  correspondientes al proyecto de inversión pública, titulado “Verja Perimetral Inteligente Trazado Fronterizo República Dominicana-República de Haití”, lo que contribuye a fortalecer el dispositivo de seguridad implementado en la frontera terrestre con el fin de contrarrestar los riesgos y amenazas a la seguridad nacional.

Sin embargo, siempre de acuerdo a los datos de la tesis para optar al título de ingeniería civil por la Universidad Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) titulado “Diseño de estructuras para el control fronterizo entre República Dominicana y Haití”, citado al inicio de este trabajo, indica:

“En el censo finalizado en el 2013 por el CESFRONT, se estimó que 12,642 personas se encuentran asentadas en un 98% de manera ilegal, a 15 kilómetros del borde limítrofe, en las 5 provincias dominicanas que hacen frontera con Haití. Se estima también que el 89% de esa población cocina con leña o carbón provocando deforestación e importantes daños al medio ambiente. Según la Encuesta Nacional de Inmigrantes realizada en el 2012 (ENI-2012), se determinó que en algunos pueblos de la Sierra de Bahoruco, entre estos, Los Arroyos, Ávila y Aguas Negras, la población haitiana supera a la dominicana en más de un 90%”.

Sin embargo, la ENI-2017 solo ofrece cifras generales sobre la cantidad de migrantes. Pero siempre coloca la migración haitiana en el lugar de principalía.

Cifras, datos que deben llevar a una profunda reflexión, habida cuenta que a casi once años del citado sondeo del CESFRONT, no se ha realizado otro conteo de la población haitiana en esa franja, lo que lleva a una interrogante.

¿Se ha frenado el éxodo migratorio hacia República Dominicana?, y de ser así, ¿en cuánto se estima la población real de ilegales de la vecina nación, con una frontera porosa por lo irregular y el tamaño?

El hecho de ser naciones que comparten un mismo territorio insular, los continentes tienen mayores facilidades para la contención de sus migrantes, y el imperio de comerciantes inescrupulosos que se lucran a costa de la trata y tráfico de personas y de otros delitos, tanto de un lado como del otro, amparados en complicidades poderosas, habría que determinar qué tan segura es nuestra frontera, ya que, según indicara el almirante Pared Pérez, “las fronteras internacionales en ninguna parte del mundo están selladas, y más si las Fuerzas Armadas tienen que lidiar con una de las fronteras más complejas del mundo”.

Y esta complejidad se mantiene. Más si se toma en cuenta que las debilidades existentes en la zona fronteriza parten de la infraestructura vial, que se refleja en el avanzado estado de deterioro de la carretera Internacional, construida durante la tiranía trujillista, por lo que el almirante Pared Pérez cree que “se impone construir una nueva carretera en toda la línea fronteriza para poder ejercer una efectiva protección de fuerza de Norte a Sur y de Sur a Norte”.

El significativo aumento realizado este 2024 al presupuesto del Ministerio de Defensa, supone una mayor inversión en la guarda y cuidado de la frontera. RD$58,313,394,674.00 constituye un avance significativo para la seguridad nacional, habida cuenta que sumados los presupuestos aprobados desde 2018 hasta 2022, que totalizan RD$11,710, 198,511.00, se obtiene una diferencia del 20 por ciento con relación a la nueva partida presupuestaria.

Ante estas realidades cotidianas, la población entera sigue el decurso que va llevando a Haití hacia un estado de caos irreversible, mientras los Estados poderosos y uniones y organismos asisten impávidos a esta situación, no valen los reclamos presidenciales desde distintos foros, han dejado a ambas naciones desprotegidas, mientras, las exigencias de estos mismos, mantienen en zozobra a los dominicanos y de manera especial a los que habitan en esa franja dividida por el río Masacre y kilómetros y más kilómetros de terreno inhóspito y cruel.

Lo cierto es que el peligro se cierne sobre República Dominicana y Haití. Abandonadas a su suerte, transitan por caminos pedregosos y de espinas, sin que se vislumbre una luz al final del camino.

El costo económico de mantener fuerzas militares acantonadas para prevenir cualquier suceso, no se sabe, lo que sí es de conocimiento general, es que ambas naciones necesitan emerger y afrontar situaciones inesperadas cada día. Lo que debe estar claro es que la necesidad de preservar la seguridad nacional es prioritaria, por lo que los recursos utilizados para tal fin, son necesarios.

En cuanto al costo político, todo cambia según las perspectivas particulares, pero el social incide en diferentes vertientes y es lo preocupante. Ver cómo, poco a poco la población fronteriza va disminuyendo a ojos vista, y los asentamientos ilegales ocupan casi la totalidad de poblaciones clave, debe dar qué pensar.

Y el costo final, el precio que se paga por una destrucción paulatina de un medio ambiente con ecosistemas únicos y exclusivos, ese, no tiene precio. El flujo migratorio desde la vecina nación aumenta el nivel de deforestación, crea déficit de viviendas, disminuye la asistencia educativa y ni qué hablar del costo a la salud pública.

Solo el tiempo puede determinar si el presupuesto asignado a la seguridad y vigilancia fronteriza ha dado resultados. Lo demás queda al juicio del pueblo.

Fuente: Panorama

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