Columnas

Danilo y 2019

Por: Rafael Ciprián

Escribir sobre el presidente Danilo Medina Sánchez, de cara al nuevo año 2019, es abordar el país de todos los dominicanos. Esto así porque vivimos en un sistema presidencialista, que se ejecuta plenamente. Quisiéramos que esa identidad entre lo formal y lo real del presidencialismo se cumpliera respecto a los principios, valores y normas constitucionales. Con eso bastaría para que transformáramos positivamente la sociedad. Pero esto último, desgraciadamente, es un ideal todavía.

Resulta que el sistema presidencialista, históricamente, ha funcionado con coherencia, no solo por la voluntad de quien ejerza el turno de jefe de Estado, sino por la actitud de la oposición política y de las mayorías nacionales.

Por una parte, el Presidente de turno, como político que es, tiene la vocación de ejercer el poder, y el ejercicio del poder implica siempre la ampliación de su esfera de mando e influencia económica, social, política y jurídica. El poder crece o muere. Todo lo existente procura seguir existiendo. Es una ley universal.

Por la otra parte, las fuerzas político-sociales que están fuera del poder no procuran pensar con cabeza propia, ni desarrollan tácticas y estrategias originales, ni realizan una praxis coherente con sus propósitos.

No son propositivos. Son reactivos. Supeditan su accionar a lo que se haga desde el Estado, y se pasan la vida respondiendo, en lugar de ser asertivos. Critican las medidas oficiales, sin ponderar si son favorables o no a la población, pero no hacen propuestas beneficiosas a la sociedad. ¿Todo es culpa del Presidente? No. Pero él carga con lo bueno y lo malo.

En sociedades como la nuestra, el que controla el presupuesto puede crear la percepción que más le favorezca. Se debe criticar la actuación antiética. Esa es la lucha política. Lo demás, es moralina de derrotados.

Y la verdad monda y lironda es que el presidente Danilo Medina, en todas sus gestiones de gobierno, le ha comido los caramelos a muchos. Ignorar esto es taparse los ojos para que el sol no brille.

Nadie puede negar que tenemos una relativa estabilidad macroeconómica, un bajo índice de inflación, un incremento de las inversiones extranjeras, un índice de popularidad histórica del presidente Medina y un crecimiento sostenido del producto interno bruto (PIB) envidiable para todos los países del mundo. En el año 2018 fue del 7%, mientras que el promedio de los países del área no sobrepasó el 2%.

La oposición denuncia el endeudamiento público, la distribución de riqueza y el alza de la tasa de interés; la inseguridad ciudadana, la corrupción y la impunidad; pero el pueblo se concentra en otras cosas. El presidente Danilo y el normal optimismo del año 2019 van de la mano. Es la verdad.

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