Columnas

Derroche sospechoso

Por: Carlos Manuel Estrella

La millonaria cantidad de dinero gastada por un aspirante a la nominación presidencial por el partido en el gobierno en los primeros 51 días de su precampaña abofetea segmentos poblacionales carenciados e insulta la inteligencia y finanzas de quienes pagan impuestos.

La admisión, por imposición de la nueva legislación que obliga a reportar gastos de campaña, de que en promedio por cada día ese funcionario renunciante eroga más de cinco millones de pesos debería ser tan escandalosa como para exigirle de inmediato explicar el origen de ese dinero.

La falta de equidad en la competencia intrapartido y de los partidos entre si deja muy mal parado el sistema político porque lo evidencia como caricatura democrática con la agravante de que el árbitro del proceso, la Junta Central Electoral, carece de voluntad y poder para impedir tal desigualdad.

Un examen a cifras ofrecidas por JCE no admite más interpretaciones. Los dos aspirantes mayoritarios del gobernante PLD gastaron 269,6 y 177,2 millones de pesos para totalizar 446,8 millones frente al total solo 47,3 de los dos principales del opositor PRM con 43,3 y 4,0 millones. ¡Cuánta inequidad!

Estos escandalosos datos deberían provocar como mínimo explicaciones que lleven transparencia a estos fondos, a sabiendas que una parte es asignada por presupuesto nacional, vía JCE, pero del resto debe saberse quienes son donantes y cómo justifican “desprendimientos” tan generosos para políticos.

El derroche diario de millones de pesos en proselitismo, la apabullante (hasta la fobia) propaganda de un precandidato con olor a abuso de poder y las lógicas sospechas de origen dudoso generadas por tal despliegue de recursos, obligan a exigir que la JCE actúe para despejar dudas razonables.

Comentarios para este artículo

Mostrar más

Otros Artículos