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Detengan esas carreras

Realizar competencias automovilísticas fuera de los lugares diseñados y habilitados para ese tipo de evento es una práctica peligrosa para quien la realiza y para cualquier conductor o transeúnte que circule por el lugar de la escena.

No obstante ser una práctica que está prohibida fuera de los lugares destinados para esos fines, los fines de semana, al atardecer, son frecuentes las competencias de motocicletas en la carretera 6 de Noviembre, principalmente en el tramo comprendido entre la estación de Peaje y la comunidad Hatillo.

Decenas de personas se sitúan a ambos lados de la carretera para ver, y tal vez apostar, a desafiantes e irresponsables jóvenes conduciendo veloces motos y haciendo piruetas que pudiera pensarse que solo en un estado anormal se pudieran ejecutar.

Una de las formas más usuales de conducir la moto es cuando el conductor se coloca en forma horizontal, a todo el largo de la motocicleta, para luego enderezarse cual si fuera trapecista en un circo, con la diferencia de que el lugar de las acrobacias es una carretera por la cual transitan vehículos de todas las categorías y cuyos conductores desconocen que se está celebrando una competencia de velocidad.

Todo ese espectáculo, esa competencia “clandestina”, se realiza en presencia de un público que se forma en pequeños grupos que se van formando en lugares específicos, cual si se tratara de puntos previamente definidos. Allí vociferan, gritan, aplauden, y se dice que apuestan.

Lo peor del caso es que se trata de una actividad que no puede ser realizada de forma oculta, sin que las autoridades encargadas del tránsito vehicular se enteren. Y sin embargo, se siguen “echando carreras” de motocicletas en las carreteras, modalidad que ya ha causado muertes y lesiones permanentes.

La competencia no se limita a las motos, aunque es la modalidad que más se nota, la más peligrosa y con potencial de siniestralidad. También se realizan exhibiciones en autopistas y carreteras (y hasta en avenidas de las ciudades) de jóvenes en autos deportivos que se desplazan, fuera de los autódromos, a altas velocidades y provocando ruidos ensordecedores. Los motores de sus autos “truenan” cuando despegan como centellas.

En uno y otro caso, hay riesgo para terceros. Alguien debe ponerles coto a esas competencias y pronto. Luego pudiera ser tarde.

Fuente: El Caribe

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