Columnas

Diálogo de una trama

Por: Namphi Rodríguez

El chusco entró al despacho del funcionario sin anunciarse. Tomó asiento al lado izquierdo del escritorio sin siquiera esperar que le invitaran a sentarse y con su habitual majadería sacó de un folder azul una hoja impresa de un periódico digital que daba cuenta de una información perturbadora: en sus seis años de gobierno Danilo Medina ha tomado más préstamos que todos los presidentes dominicanos juntos desde la fundación de la República.

¿Es una crisis en el horizonte?, preguntó con cortante pesadez y de inmediato acotó: “esto hay que atajarlo, no puede coger cuerpo en el debate político, sería una tumba para nosotros”.

A lo que el pícaro funcionario respondió: “esa crisis de la que tú hablas puede ser cierta; pero seguir en el poder es lo primero y después arreglamos el desastre con una reforma fiscal…”

“Lo primero es aclarar que no son 17,000 millones de dólares como ha dicho la guarachita de Caram. Pero, no lo vamos a decir nosotros, pues, mientras más se mueve… más se embadurna uno”, agregó. “Debe salir como una información de los diarios”, espetó con la infalibilidad que le daba la certidumbre de que su jefe era el dueño de una finca llamada “Dominicana”.

“Y después”…, espetó con resolución el pícaro funcionario, “que venga Jaime Bayly; él tiene mucha imaginación, ha vivido en el inframundo del realismo mágico, ha defendido el consumo “libre” de drogas, ha estado casado lo mismo con hombres que con mujeres, ha sido flaco… gordo; el tipo se las trae, sabe crear muy bien historias de héroes y villanos; es un mago de la civilización del espectáculo”.

“Lo que no vamos a permitir es que en este país se diga que hemos hecho más pobres que Checheré, que nos han faltado cojones para controlar el corcel, que nos pasamos todo el tiempo en chismes de comadre de patio; que hemos sido vendedores de pasado en copa nueva”, sentenció el chusco señalando el cigarro del funcionario.

El pícaro no había advertido que el tabaco casi le quemaba la mano izquierda, de modo que se lo cambió para la derecha, absorbió un largo copo y exhaló profundamente: “entonces vamos a hacer como Blas…”
“Es la única manera de seguir con el tíbiritábara de las visitas sorpresa; al fin y al cabo, caballito valiente que tiene la carga nunca la siente”, dijo el chusco.

“Además”, señaló el pícaro soplando las nubecitas de humo que había dejado, “desde que se inventaron los embustes, todo el mundo queda bien”.

Una pertinaz llovizna empezó a golpear suavemente la ventana que dejaba entrever el sol de media tarde: “se está casando una bruja”, dijo el chusco.

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