Opinión

Dos ejemplos, dos realidades

 Confieso que cuando leí la exposi­ción del ilustrado abogado cons­titucionalista Trajano Vidal Poten­tini, no alcancé a ver la dimensión de sus conceptos y realidades.

Dos ejemplos, sin embargo, me hicieron comprender su análisis. • La sentencia del ca­so Super Tucanos, en que tres acusados y las dos compañías –de seis imputados iniciales- fueron descargados de toda culpa sobre la acusación de corrupción, por soborno, luego de casi siete años de un proceso más populista, mediático y con ribetes políticos que judiciales.

• La sentencia, semanas antes, del caso Odebrecht, que comenzó con 14 acusados, fue a juicio de fondo con seis y terminó con dos sen­tenciados -cinco años después- uno de ellos por un delito alejado al soborno y la corrupción, que era el marco de la persecución judicial.

El hilo conductor es que en ninguno de es­tos casos Estado logró resarcimiento económi­co por los delitos de defraudación alegados an­te la Justicia. Entiendo, entonces, el concepto de ‘imputación objetiva’ y ‘justicia restaurativa’ o lo que es igual a lograr ‘acuerdos del Ministe­rio Público en representación del Estado, para evitar impunidad y recuperar dineros defrau­dados’. El tema no tiene desperdicios y obliga a una discusión del mismo ante la realidad de la proclamada lucha contra la corrupción y la im­punidad. Porque como dijo la magistrada presi­dente del tribunal colegiado que emitió el des­cargo, Arlin Ventura: “Los jueces no están para apaciguar la furia de la opinión pública ni del poder político”. Un concepto lapidario que es­truja realidades en la cara del vedetismo y po­pulismo mediático sobre procesos judiciales.

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