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El estrés, un tóxico en tiempos de los “haters”

Por: Luis Garcia

En estos tiempos de “haters”, es decir, de “odiadores”, que se caracterizan por exhibiciones de rencor, envidia y maldad; en las consultas médicas se está prestando el fenómeno consistente en que los galenos ponen mayor atención al estrés como factor desencadenador de enfermedades de consideración, como la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial y patologías gastrointestinales.

Lo anterior resulta comprensible porque el estrés impacta en las emociones y los pensamientos, colocando el cuerpo humano en vulnerabilidad inmunológica; afectando especialmente a personas resentidas sociales, a quienes les molesta el progreso de los demás y reniegan de todo lo que no conduzca a su propio beneficio.

A los “haters” se les encuentra en todas partes: exponiendo ideas en medios de comunicación, fingiendo falsas poses a tu lado, en los puestos ejecutivos y hasta en lugares en los que se supone deben promoverse valores morales.

Históricamente se ha afirmado que el comportamiento humano es terrible.

De hecho, resulta muy conocida la frase del dramaturgo romano Publio Terencio, señalando, “soy hombre, nada humano me es ajeno”.

Muchos hombres y mujeres no conocen la nobleza, concepto reservado para aquellas personas especiales que exhiben la virtud de procurar siempre el bienestar de sus semejantes, a través de la puesta en práctica de valores como la lealtad, la empatía, la sensibilidad, la solidaridad, la justicia y el amor.

Afortunadamente, esos “odiadores”, intolerantes y ruines, se van consumiendo en su propia maldad, aunque hay que reconocer que provocan daños en una sociedad dominicana que se resiste a detener su desarrollo sostenido para llevar bienestar colectivo.

Hace muchas décadas que lo había advertido Jacinto Benavente, dramaturgo, director, guionista y productor de cine español, Premio Nobel de Literatura, cuando dijo: “Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia”.

Los “haters” deberían evitar, por una cuestión salud, situaciones estresantes a su alrededor; recurriendo a la bondad como camino liberarador.

Les vendría bien extrañarse de sus pensamientos de “tebaida lírica” que llevan dentro. No deben seguir irradiando toxicidad, como el fragmento de esa obra del fallecido Joaquín Balaguer: “…Odio a los que en plazas y corrillos me combatieron; odio a los poetas afeminados que envidian la virilidad de mi arte; odio al que escondió en el bouquet de rosas de un elogio una mal disimulada flor de envidia; odio a los consagrados que no han querido tenderle la mano al jovenzuelo imberbe que los abruma con su orgullo, y odio, finalmente, todos los Pachecos que, no atreviéndose a combatirme con la pluma, se encogieron de hombros cuando vieron al mozuelo audaz cruzar tras apolínea caravana…”.

Me atrevería a sugerir que se perdone a esos ruines, siguiendo a Oscar Wilde, escritor, poeta y dramaturgo irlandés, que recomendó perdonar siempre a los enemigos, porque constituye la mayor molestia que recibirían en sus vidas.

El odio no se combate como más odio, sino con amor y bondad, que es lo que demanda la sociedad dominicana; justo en un momento en que lidera el mayor crecimiento económico de América Latina.

A que quienes deseen continuar el camino del odio y de la maldad, solo señalarles la frase de la obra “Don Quijote de la Mancha”, del poeta, novelista y dramaturgo español, Miguel Cervantes: “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.

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