Cartas del Lector

El nuevo año

Su paso, cada vez más lento, requiere la ayuda de un palo de escoba que se ha convertido en su bastón.
Sin lugar a duda, es solo una cruda muestra de la desigualdad social en que vivimos muchos países de Latinoamérica. A esa señora le cayeron los años sin techo, sin alimento, sin salud, sin nada de dónde agarrarse, como se dice popularmente.

A sus años es un desafío diario conseguir el café en las mañanas. Comer el pan y el arroz de las doce nunca está seguro para ella. Aunque siempre vive enferma, con una tos eterna, le es obligatorio salir a buscar el pan hasta el día en que la cruda muerte toque a su puerta y le robe el aliento.

Para ella no hay Navidad en familia, nadie la incluye en su lista de regalos, en su mesa no hay finos vinos y suculentos manjares, no participa en las conferencias que se realizan en los grandes hoteles donde se discute sobre pobreza. De seguro, ocasionalmente recibe una cena de algún vecino solidario en un plato desechable y ella lo acepta con una gran sonrisa en sus labios, y devuelve el deseo de miles de bendiciones que, en realidad, necesita más que nadie. Posiblemente hasta baile bachata, de esa que ponen a alto volumen en el colmado de la esquina.

Estoy seguro de que cuando fallezca no repicarán las campanas por ella. No habrá panegírico ni bandera a media asta; ningún edificio o carretera llevará su nombre.

El presidente no hablará de ella, ni los senadores ni diputados. Ningún proyecto de ley se conocerá para erradicar el hambre en su honor. Nadie predicará a la sociedad combatir el flagelo de la pobreza que le robó la sonrisa y las fuerzas a esta vieja mujer, condenada a vivir sin tiempo para reír.

Pensemos en los millones de personas que como ella viven un presente precario y un futuro incierto. Es necesario que aportemos desde los diferentes ámbitos en que laboramos para construir un mundo como lo merece la gente buena por la cual trabajamos y luchamos. Un mundo de más iguales y menos desigualdades.

Para eso tenemos que sumar voluntades, sumar voces, sumar sentimientos de cambio. Sumar para multiplicar la vida, el trabajo, el alimento, la salud, la educación y la dignidad de las personas. Muchos grupos sociales luchan por un mundo más solidario y más humano y con menos desigualdad.

Desarrollemos en cada uno de nosotros ese sentimiento de solidaridad por lo más necesitados. De esa manera contribuiremos a construir un mundo en el que nos sintamos orgullosos de vivir.

Anónimo 

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