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El Santo Cerro: vecindario que vive entre la fe y la solidaridad

El Santo Cerro es conocido porque en el lugar se originaron los principales hitos religiosos de América, como el primer bautizo, primer santuario mariano y la primera cruz del nuevo mundo y, por ende, el nacimiento de la evangelización

En La Vega, en la cima del cerro, se encuentra el Santuario Nacional Nuestra Señora de las Mercedes, visitado durante todo el año por personas de distintos puntos del país y del exterior, que acuden a cumplir alguna promesa, rendirle culto a la Virgen, admirar la belleza del valle de la Vega Real o conocer este lugar que es signo de fe y de historia, intensificándose las peregrinaciones desde el mes de agosto, en los días próximos al 24 de septiembre, Día de las Mercedes.

El novenario en honor a la virgen se realiza del 16 al 24, teniendo como cumbre este último día, cuando se congrega una multitud a todas horas, honrando a la protectora de los dominicanos.

El origen del mismo parte del hecho de que Cristóbal Colón plantó la primera cruz en 1495; en el 1525 se construyó una ermita junto al convento de los mercedarios y en 1546 otra junto al calvario, pero un terremoto ocurrido en 1842 la destruyó, siendo luego reconstruida.

Un huracán la dejó casi destruida en 1869, y a la llegada de fray Roque Cocchia, delegado y vicario apostólico en 1877, se dispuso la construcción del actual santuario, utilizando materiales de la antigua catedral de La Vega Vieja. Su construcción inició en 1880, a cargo del arquitecto santiaguero Onofre de Lora, quien pasó 17 años erigiendo la obra.

Al lugar llegan las personas preguntando dónde está el cerro, ignorando que ya están allí, pues el nombre hace alusión no solo al santuario a la virgen, sino a la comunidad donde está la iglesia, integrada por unas doscientas familias que gozan de unos niveles de seguridad envidiable, pues aseguran que aún pueden salir al vecindario y dejar sus puertas abiertas. Alardean de que nunca se ha dado un hecho que lamentar, y si pasa algo, son personas que llegan de otro lugar a delinquir, pero es muy raro, ya que cuentan con vigilancia de la Policía y el CESTUR, que escoltan a las personas que deciden hacer el peregrinaje a pies por el cerro.

Además de la iglesia, el Santo Cerro cuenta con tiendas de souvenirs y artículos religiosos, la casa de cursillos padre Fantino, el Colegio Las Mercedes, sus tradicionales hojaldres, roquetes y coconetes, así como el monumento a la Cruz erigido por el Ministerio de Turismo, y que forma parte del Sendero de la Fe. Parte de este sendero lo forma el Museo Padre Fantino, a pocos metros de la iglesia, pero lleva años paralizado, ante la interrogante de los vecinos del por qué, pues la estructura física está levantada, e incluso tiene los aires acondicionados y lámparas instaladas.

María Mercedes Jiménez, presidenta de la junta de vecinos, asegura que sus habitantes son muy acogedores, y que las personas que llegan allí no se quieren ir, pero no hay hoteles para alojarlos. El lugar también carece de restaurantes, pero los días 23 y 24 de septiembre, las familias cocinan comida en abundancia para darle a quien llegue con hambre.

“Nunca hasta ahora ha pasado un incidente, no solo en las fiestas, sino durante todo el año. Si roban, no son personas de aquí. Estas ventanas han amanecido abiertas y nunca se ha perdido nada”, asegura Jiménez, expresando además que los muchachos siempre están dedicados a estudiar, y no a andar en las calles deambulando.

Sus habitantes tienen décadas viviendo allí, aunque muchos de sus hijos han emigrado, ya sea a ciudades cercanas o fuera del país, en busca de mejores oportunidades, pues no tienen muchas fuentes de empleo. “Por ejemplo, tengo tres hijos y viven en Estados Unidos, solo vivimos mi esposo y yo, y así estamos la mayoría de las casas, montados en el mismo caballo”, asegura la presidenta de la junta de vecinos.

Sor Lilian Cruz, directora del Centro Educativo Nuestra Señora de Las Mercedes, ubicado al lado del santuario, expresa que la comunidad se siente muy identificada con el templo, y que se ha organizado en torno al mismo, y para el novenario, cada sector tiene su participación, se integran a la celebración y comparten su fe.

“Para las fiestas patronales cada comunidad tiene una participación especial, todos los campos que integran la parroquia y los residentes fuera mandan sus intenciones a la misa gregoriana, llaman al santuario, envían el dinero por remesadoras. La misa gregoriana es una intención especial por liberación, son 33 misas seguidas”, expresa la religiosa.

El centro educativo que dirige Sor Cruz es otro lugar al que lleva gente al cerro, pues su población estudiantil la componen 640 estudiantes, provenientes de 15 comunidades de La Vega, porque allí casi no hay centros de secundaria, y aunque tengan secundarias, prefieren ir a estudiar a este colegio fundado en 1923.

Del Santo Cerro para todo el país

En este pequeño terruño hay una fábrica y salón de exhibición de una fina mueblería en mimbre y caoba que emplea unas 20 personas, y suple las principales tiendas del país.

Se trata de Ruffino Tropical Confort, propiedad de Julio César Rufino y Teresa Delgado, quienes tienen la fábrica en una finca distante del santuario, y el salón a pocos metros del mismo.

Paula Bueno, encargada del salón de exhibición, informó que además suplen mobiliario a hoteles y tiendas de Puerto Plata, La Romana, Higüey, Cotuí, San Francisco de Macorís, San Cristóbal, Baní y otros lugares, y que también tienen venta al detalle, con entrega a los 21 días del encargo, puerta a puerta a cualquier punto del país.

La fábrica tiene 18 años, y su calidad radica en que el mimbre lo trae de Indonesia, lo procesan en agua para matarle las polillas, utilizan tela española, y pintura de la que usan en los barcos.

Necesidades

No todo es color de rosa aquí, pues los moradores tienen algunos problemas que los afectan, siendo el principal y el más viejo, el que nadie tiene títulos de propiedad.

Así lo afirma María Mercedes Jiménez, presidenta de la junta de vecinos, quien dice que el problema surgió cuando le adjudicaron la tierra a la iglesia, ya que decían que la tierra era de la virgen, pero que todos tienen sus actos de venta, cuando le compraron a sus antiguos dueños.

“Todas las familias estamos en la misma situación, nadie tiene título. Vivimos con el miedo de que un día nos puedan desalojar, nos pusimos en pie de lucha, fuimos donde el obispo Héctor Rafael Rodríguez, y él dijo que sí, que había que darnos los títulos, estamos en el proceso, ya enviamos los papeles al obispado”, informó Jiménez.

En tanto que Ana Rita Almonte, profesora jubilada, identifica como otra problemática la falta de agua, aunque admite que esto ha mejorado, ya que se la mandan los miércoles y sábado por un lapso determinadopara que llenen las cisternas y tinacos.

“Tengo 41 años viviendo aquí y siempre hemos tenido problema del agua, ahora es que está mejor”, explica.

El transporte es otra deficiencia, pues hay un solo carro de concho, sale a las 7:30 de la mañana a La Vega, regresa a las nueve, y en eso pasa el día, por lo que la mayoría tiene que tener su medio de transporte, ya sea un carro o motor.

La gente ha creado fuentes de ingresos para subsistir.
Por: Wendy Almonte/ El Caribe

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