Cartas del Lector

Emely, te esperamos…

Señor director:
Finalizó, en mi opinión, el juicio más seguido por la población dominicana, luego del que se efectuó contra los imputados por el asesinato del niño Rafael Llenas Aybar.

El miércoles 7 de noviembre del 2018 tenía claras intenciones de ser recordado como un día histórico en la justicia dominicana, pero lamentablemente no pudo ser de esa manera.

El joven Marlon Martínez y su madre, Marlin, fueron condenados a 30 y cinco años de prisión, respectivamente, por la muerte de la adolescente Emely Peguero, de 16 años, en agosto del 2017; el primero como autor material del hecho y la segunda por ocultamiento del cadáver.

La sentencia a Marlin, que no dejó conforme a la sociedad, principalmente a los residentes de San Francisco de Macorís, lamentablemente, fue correcta dentro del marco jurídico.

El tribunal que conoció el caso durante más de un año no pudo establecer las pruebas suficientes para condenar a Marlin como cómplice de ese crimen atroz, que de haber sido así, su tiempo venidero en prisión sería de al menos 15 años más.

La manera en la que Marlin crió a su hijo, fue quizás el primer error que dio origen a este triste acontecimiento. Sus aires de grandeza y prepotencia, fue el segundo. El tercer fallo fue su cinismo, su indolencia, su falta de tacto y poca idea del dolor de madre que se suponía que ella había de sentir.

Si Marlin hubiese aprovechado esa rueda de prensa para narrar lo que su hijo había hecho, expresando dolor, decepción, vergüenza y pidiendo perdón a la familia de Emely desde un principio, por el daño irreparable causado por Marlon, la historia habría tenido otro curso.

Al día de hoy Marlin habría sido un verdadero ejemplo como mujer, al demostrar que por encima de su amor de madre, está la dignidad, la justicia y sobre todo el respeto por el dolor ajeno, pero lamentablemente no fue así.

Actualmente, Marlin Martínez es la fémina más repudiada del país, y cuidado si en el mundo entero, pues su prepotencia y su cinismo todavía no ha alcanzado un límite definido.

Mis condolencias a la familia de Emely Peguero, quienes por culpa de todo lo narrado más arriba en este artículo, perdieron a una joven que en un futuro alterno a su fatídico destino, pudo haberse convertido en una mujer que hubiera hecho un gran aporte a la sociedad que hoy, mañana y siempre llorará su partida a destiempo junto al sistema de justicia que trató su caso.

Atentamente,
Pedro Henríquez

Periodista

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