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En ruta crítica contra covid-19

Un pueblo singular, único en el mundo, que culmina procesos electorales en medio de una pandemia, pero permanece inevitablemente en el nerviosismo al que lo arrastran los boletines en vaivén sobre defunciones, recuperaciones e internamientos de pacientes que sobrellevan la enfermedad en casa y constituyen la mayoría de infectados.

Sin señales esperanzadoras de que el sistema sanitario acertará en contener los avances del germen y su mortalidad. Por lo contrario, lo que se está viendo son las mismas precariedades asistenciales por saturación de casos e incapacidad para extender estudios clínicos que configuren la verdadera dimensión de un mal de alto riesgo para la vida.

Los laboratorios privados van a paso de tortuga en atención a masas humanas desesperadas y el Laboratorio Nacional se ha contraído a una mínima funcionalidad.

El elevado porcentaje de personal sanitario contagiado, y el que ha pagado con sus vidas el crucial desempeño, agregan elementos de juicio para llegar a la conclusión de que el país, por sus fallas e insuficiencias en materia de salud, sostiene una lucha desigual contra el enigmático y artero virus.

La sociedad está a la espera de que arroje frutos la decisión oficial de emplear más recursos y lograr eficiencia en la campaña de salubridad más importante de estos tiempos; la que además ha carecido del respaldo de una parte de la población que se exime de protegerse.

La «importación» ilegal de divisas

El descubrimiento en el puerto de Haina de un paquetón de más de dos millones de dólares escondidos en unos bonitos aparatos de música, traídos al país como tales, pero rellenados del codiciado billete verde, lleva a pensar que la pérdida de valor del peso dominicano viene a ser un indigno incentivo a las traídas monetarias para muy pingües canjes al margen de la ley.

El contrabando de valores tornados escasos, con el agravante de que los bancos comerciales los acaparan, tendría que incentivar también la persecución al lavado, un negociazo delictivo que parece contar con maquinarias muy bien aceitadas para burlar controles.

Los traficantes ilegales de gente, drogas y otros «materiales», son efectivos sobornando autoridades. Basta con revisar las crónicas de las complicidades del pasado para convencerse. Ojos bien abiertos.

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