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Escritor Ricardo Fajardo asegura: “El haitiano es parte del desarrollo de la nación, solo hay que mirar los campos”

“El haitiano es parte del desarrollo de la nación, solo hay que mirar los campos”

El escritor Ricardo Fajardo anda con su libro “Tras el ocaso, la aurora” debajo del brazo y cuando lo entrega a su más próximo interlocutor, comienza a teorizar de inmediato. Se interna en sus explicaciones. Lo hace con dignidad y reconociendo que estos son tiempos difíciles donde se puede confundir al patriota con el canalla, el odio a los demás con el patriotismo. Tiene muy claro de que la identidad y la raza están jugando un papel en la vida de los pueblos en los actuales momentos. Desde hace ya varias décadas reside en el frío, es neoyorquino de pies a la cabeza, pero cosmopolita por el pensamiento que lo retrata.

De lo que habla o de lo que es la obra, se reconoce que es un hombre hijo legítimo de este siglo: donde el ensayo y la ficción se dan la mano, donde el cine, la música, son elementos que alimentan la literatura.  Un tema espinoso como la relación dominico-haitiana lo zanja desde un criterio muy específico (el humanista):   “Que no debemos vivir bajo el odio y el prejuicio. Debe de fluir una relación bilateral desde la legalidad”, afirma el escritor Fajardo.

Fajardo anduvo por la República Dominicana promocionando su libro en una época difícil, donde la pandemia lo avasalla todo. Suelta su discurso, y como en esta entrevista, habla de sus autores preferidos, de esos que de una u otra forma lo han marcado: Borges, Paz y también de sus convicciones respecto a los temas más espinoso que atraviesan la espina dorsal de la dominicanidad, azarosa y misteriosa como los personajes que la fundado y vapuleado.

Tras el ocaso, la aurora, abre un debate, a juicio del autor, eso creo con firmeza a partir de la lectura de este texto, que no confronta, sino que afronta realidades…

P. ¿Cuál es la reflexión vital que haces en el libro Tras el ocaso, la aurora?

R. Es una obra de un valor histórico, literario, humano, social, político y cultural por la realidad que reflexiona- ficción que enfoca la identidad dominicana.  La cual constituye un enfoque único y novedoso al plantear que la identidad es la dominicanidad en el proceso humano, social, político y cultural de la formación de la conciencia social en los elementos que contribuyen a la cohesión y equilibrio sociales.  Proceso que comenzó a gestarse con el pensamiento de Juan Pablo Duarte en la formación de la Sociedad Secreta La Trinitaria, La Filantrópica, alcanzado en febrero de 1844 y reafirmado en la Guerra de Restauración.

Historia que desde el primigenio momento no es más que una pálida luz que busca intensificar su calor, pero no es más que una realidad rota por los elementos disociados, en cuyas heridas siempre abierta entre la incertidumbre de la civilización y la barbarie de un momento glorioso y antagónico vive asediada por el culto a la persona, el caudillismo, nepotismo y el fenómeno de la disolución de nuestra dominicanidad.

P. ¿Te resultó difícil como autor mezclar dos géneros, como el ensayo y la ficción?

R. Como filósofo, tengo la capacidad de la reflexión, donde busco a través de texto busco lo poético, lo bello, hermoso y trascendente. Recurriendo a la historia, a las culturas antiguas y a las grandes obras literarias de la antigüedad. Dejándome penetrar por Borges, Octavio Paz, Gabriel García Márquez,  entre otros

P. ¿Se parece el personaje Próspero al autor?

R. Próspero es un personaje de la realidad ausente y presente que busca construir un mundo de ensueño, haciendo que la fantasía se haga realidad y la realidad se vuelva esperanza de vida. Próspero es otro yo de la humanidad que busco construir.

P. En el libro Tras el ocaso, la aurora, se plantean momentos estelares en la identidad del pueblo dominicano, como la invasión haitiana y el descubrimiento de América, cuál fue más fundamental de ellos?

R. El encuentro o desencuentro, fue un momento de luz, de civilización y barbarie. Reveló el gran acervo cultural y de conocimiento para el mundo. Pero también fue exterminio, confrontación, saqueo, que en nombre de Dios y de la Cruz no vieron en estos hombres y mujeres de miradas inocentes la dignidad, sino que buscaban poder, grandeza y ambición de riquezas. Eso trajo como consecuencia la disposición de los indígenas. Que más tarde con la trata de negros africanos originó una esclavitud gigantesca.  La problemática dominico – haitiana no se puede separar de la historia Esta realidad comienza a gestarse y problematizarse desde el descubrimiento. ESO ES LO NOVEDOSO DE ESTA NOVELA.

P. ¿Qué papel juegan la raza, la nacionalidad, la identidad en el desarrollo y el conflicto que libran los pueblos?

R. Un pueblo es su identidad, es lo que forma la conciencia social. La lengua es la psique del desarrollo de una raza y la nacionalidad es el sello de lo que somos en las diferentes manifestaciones.

El escritor lleva consigo su bagaje cultural. Su sueño, esperanza y el valor de lo que es el como persona y de lo que constituye su nación. Su orgullo está en ser parte de su identidad y nacionalidad en la promoción y defensa de sus costumbres y valores.

P. ¿Qué opinión te merecen los trabajos que han escrito Manuel Núñez y José Ramón López?

Mucho respeto y admiración. Cada escritor plantea sus ideas desde un estudio profundo, experiencia y realidad. Creo que sus obras es un planteamiento de la realidad, que no puede ocultar la historia, que somos una isla de un mismo terruño, de diferentes culturas, lenguas. Que no debemos vivir bajo el odio y el prejuicio. Debe de fluir una relación bilateral desde la legalidad. Hay que considerar que el haitiano es parte del desarrollo de la nación, solo hay que mirar los campos, los cultivos, los ingenios, la construcción, las seguridades de los edificios, las amas de casas entre otras cosas. La emigración es un fenómeno de los pueblos desde que apareció el hombre.  La unión de estos dos pueblos es un imposible, por la lengua y la cultura. Haití dejara de ser un problema político, social y cultural cuando tenga un desarrollo grande.

R. Ya que has abordado el tema de la identidad en tu libro, ¿por qué tú crees que los dominicanos de la diáspora desarrollan un férreo patriotismo?

La identidad no se puede confundir con nacionalismo y patriotismo. Son tres cosas distintas y diferentes. Se puede tener amor a la patria, sin herir los sentimientos de los demás. Se puede ser patriota, pero manteniendo respeto y moral.

P. ¿Cuál es el papel de la identidad en un mundo que aparentemente tendía a la globalización, pero que sin embargo han resurgido los nacionalismos

La identidad no puede apartarse de la generalidad, pensamiento, conocimiento del mundo que vivimos. De donde se alimenta y se nutre. Somos partes de la visión del mundo. Los nacionalismos, son peligrosos por las ideas que profesan de odio, de violencia y de estrategias de luchas.

R. Dominicanos y haitianos, ¿cuál debe ser el futuro de esa relación en la que priman los temores, recelos, y odios ancestrales?

La legalidad y el respeto.

P. ¿Qué te llevó  escribir un texto de esa naturaleza donde la identidad es el corazón del texto?

R. La pobre historia que nos han dejado los escritores. Una historia de blancos, unos escritores comprometidos con el sistema. Hay una visión muy pobre de la historia que hay que revisar, poniéndola en su contexto desde una visión global, crítica y analítica de los hechos que acontecieron.

P. Siempre llevaremos la historia en nuestra espalda, dijo el personaje Próspero. ¿Es eso propio de la fatalidad del dominicano con relación al pueblo haitiano?

R Es el peligro que nos asecha desde el prístino momento de concebir la patria, el exilio, el odio, la venganza y la traición. Es eso es lo constituye parte de la historia. La fatalidad y el miedo es un componente de lo que no permite la estabilidad, el crecimiento, el desarrollo y la gobernabilidad.

Fuente: elCaribe

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