Salud

Espondilitis anquilosante, una enfermedad desconocida

Entre los tantos retos que enfrentamos en el ejercicio de la medicina sin distinción de rama o especialidad, nos encontramos con las bien llamadas enfermedades silentes; las que drenan y socavan la salud de los pacientes, quienes por desconocimiento de las mismas llevan una práctica de vida de espaldas a los peligros que les acechan.
La reumatología no escapa a esta difícil realidad, ya que en ella existen enfermedades invisibles que pasan desapercibidas durante años, ya sea por su poca prevalencia o por la confusión en la presentación de sus síntomas, provocando consecuencias negativas para quienes las padecen. Este es el caso de la espondilitis anquilosante (EA), que aunque es la más conocida dentro de la familia de las espondiloartritis, continúa en el anonimato en nuestro país con una prevalencia mundial del 0.9 % y con estadísticas desconocidas en República Dominicana.

Es de las pocas enfermedades en reumatología que tienen mayor afectación en hombres que en mujeres, con una edad de aparición de los síntomas que se encuentra alrededor de los 30 años, aunque también tiene una presentación juvenil, representando otro motivo por el cual se retrasa su diagnóstico, ya que al hablar de enfermedad reumática o reumatismo todo el mundo piensa que hablamos de personas de edad avanzada, olvidándose que la artritis no tiene edad.

Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica, que afecta la columna vertebral y la articulación sacroilíaca generando crecimiento de hueso, fusión completa e inmovilización de la articulación, lo que disminuye la flexibilidad del paciente en etapas avanzadas de la enfermedad.
En cuanto a la causa, su origen todavía es desconocido, pero se ha visto una clara asociación con el gen HLA B27, ya que el 90 % de los pacientes lo presentan.

El síntoma principal de la enfermedad es la lumbalgia inflamatoria y es importante destacar las características de la misma, ya que es un dolor totalmente distinto al dolor de espalda que podemos presentar tras una larga jornada laboral o un trauma. Para estos, el dolor se incrementa con el reposo, empeorando en la noche al acostarse o en las primeras horas de la mañana y mejora con la actividad física a lo largo del día.

También pueden presentar inflamación de las articulaciones de gran tamaño (rodillas, tobillos, caderas), una característica que la diferencia de la artritis reumatoide que afecta con mayor frecuencia las pequeñas articulaciones de manos y pies; o dolor a nivel de tendones y ligamentos en diferentes puntos del cuerpo, lo que muchas veces crea confusión con los puntos dolorosos de fibromialgia, sobre todo si es mujer. A nivel extrarticular puede provocar inflamación ocular o uveítis y -en ocasiones- afectación de las válvulas cardiacas.

Al tener una característica de dolor muy diferente a la habitual, hace más difícil que familiares y amigos entiendan o crean que estos los padecen, razón por la que muchas veces llegan a la consulta de psiquiatría, al no encontrar una justificación lógica a su dolor.

¿Cómo se trata la enfermedad?
Aunque parezca difícil de creer, durante años la piedra angular en el tratamiento de esta enfermedad han sido los fármacos antinflamatorios, al menos en pacientes en los que solo existe una afectación a nivel de la columna. En los que presentan afectaciones articulares y extrarticulares utilizamos los llamados fármacos modificadores de la enfermedad como por ejemplo el metotrexato o la sulfasalazina.

Cuando esto no es suficiente y el paciente continúa con datos de actividad de la enfermedad; en nuestro país tenemos el programa de medicamentos de alto costo, el cual suple al paciente las terapias biológicas como son los fármacos bloqueadores del factor de necrosis tumoral o Antitnf entre ellos el Infliximab, Adalimumab, Golimumab, Etanercept o la recién llegada terapia anti interleucina 17A como es el Secukinumab. Los esteroides son menos utilizados en esta enfermedad y cuando se requieren, muchas veces son utilizados para infiltraciones locales en articulaciones o tendones afectados.

Como parte adyuvante al tratamiento está la terapia física con piscina, yoga, pilates y los ejercicios aeróbicos. Además, en caso de tener una afectación articular importante muchas veces se recurre al tratamiento quirúrgico con artroplastia.

Dra. Karen Nathalie Franco Gómez
Reumatóloga del Hospital General de la Plaza de la Salud (HGPS).

Tomado del Periódico Hoy

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