Editoriales Invitados

Haitianos en la economía

La forma en que importantes actividades agrícolas y de construcción dependen hoy de la mano de obra foránea constituye una dificultad mayor a los fines de restringir un ingreso transfronterizo desbordado y conflictivo.

Sin haitianos -dicen los productores de habichuela de San Juan- carecerían del 95% de recolectores de sus cosechas. Un colapso ni más ni menos. Y de lo imprescindibles que resultan para la colocación en masa de varillas y cemento en todo los lugares nada más hay que decir. Creer que limitarse a la labor interminable de repatriar a los inmigrantes de esa procedencia es suficiente está desautorizado por el estudio, ahora divulgado, que certifica una verdad: los deportados reingresan casi al momento de ser extrañados. Se invierten recursos en traslados con gran movilización militar que solo sirve para pagarles periódicos paseos al lar nativo a quienes llegan irregularmente.

No se renuncia por nada del mundo a las soluciones “de paño con pasta” en vez de ir además a las causas para desestimular la excesiva presencia de extranjeros en el campo y en la albañilería. El bajo costo del obrero importado se impone por falta de políticas que apoyen la rentabilidad de empleadores y acrecienten el ingreso y la calidad de vida de los trabajadores dominicanos que tambien tienden a emigrar. Conservar a una nación en sus valores y orgullos exige la construcción de un orden social favorable a la permanencia en el territorio.

Hacer primar el interés general

Aunque no se logren consensos para cada paso y las demandas que formulen organizaciones partidarias carezcan de asidero, la autoridad de la Junta Central Electoral está bien fundada en la legalidad como para fijar curso al proceso que dirige. El derecho al pataleo no es irrestricto ni confiere poder de veto para imponer rumbos.

Siéntase la Junta en la confianza de que el país, por sensantez y comprensión de las reglas del juego y de lo mucho que conviene respetarlas, no exige que sus decisiones tengan que estar acomodadas al gusto de cada disidencia. Eso Hay que dejárselo a las medallitas de oro. Lo primordial es que sea sabia y justa. Que siga escuchando, desde su independencia y sentido de la rectitud, cada reclamo sin que al final le tiemble el pulso para trazar y seguir las pautas que convengan al interés nacional.

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