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Hay que pasar a la acción, sin más demoras

El problema del tránsito en nuestra metrópolis está bastante estudiado. Tenemos una idea de su magnitud y de sus consecuencias. Y también tenemos, que es lo mejor, las más razonables y posibles soluciones.

Entonces, ¿que se espera para la acción?

Ya la ciudad no soporta la sobrecarga de vehículos en movimiento en nuestras calles, que es la causa directa de los agudos entaponamientos y de la lentitud de tráfico, dos factores que hacen perder tiempo y consumo innecesario de combustible.

Hace tiempo ya, que se sabe que entre las probables soluciones están la masificación del transporte sobre la base de un sistema mejor organizado y sincronizado y la redirección de las actuales rutas, cambiando el sentido a la circulación a muchas de ellas, incluyendo grandes avenidas.

La reforma pasa también por la eliminación de vehículos viejos o simplemente chatarras que han contaminado el sistema y el medio ambiente también y la instalación de semáforos que operen de manera sincronizada.

Y como elemento complementario, un eficiente y riguroso control y prevención de las violaciones a las leyes del tránsito y una mayor depuración de los choferes de autos, minibuses, autobuses y motoristas que trabajan en el transporte público.

Para poner en marcha todos esos cambios, estudiados hasta el hartazgo, fue creado hace cerca de un año el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte (INTRANT), con la respectiva ley sobre movilidad, unificando así en un solo organismo rector las distintas instituciones que operaban en el pasado.

Es hora, definitivamente, de pasar de la teoría a la acción y comenzar a dar la batalla para liberar a la sociedad del cáncer que ya hizo metástasis en nuestro sistema de tránsito, convirtiéndolo en uno de los más catastróficos de América Latina.

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