Cartas del Lector

¡Invasión pacífica!

Señor director:
La exigencia cuasi generalizada de los dominicanos/as al gobierno para que preste atención urgente al problema migratorio de entrada irregular excesiva de venezolanos y haitianos al país, ha ocupado en los últimos meses un lugar preponderante entre los temas más demandados por la sociedad.

Si nuestro presidente escuchara y valorara las quejas y las demandas de los ciudadanos, ya hubiera alguna medida respecto a este gran problema. Muchas instituciones y personas de todos los niveles entre ellos las iglesias, han requerido al presidente Medina encarar rápido y seriamente estas violaciones, pero él se sigue haciendo ciego, sordo y mudo. No es que entren 15 y devuelvan 07, sino aplicar medidas de control efectivo, libre del mercado mafioso y anti patria que llenan los bolsillos, golpean la nacionalidad y marchitan la soberanía.

El problema va en ascenso, sin preocupar al presidente Medina, a Migración, a las Fuerzas Armadas ni a ninguna autoridad de mando.

El Cesfront, los traficantes de personas, algunos funcionarios y Migración, continúan facilitando la entrada ilegal de haitianos a todo el país. Las embarazadas que vienen por grupos a parir aquí, acaban de recibir el respaldo del gobierno de boca de la ministro de Salud Pública, quien declaró que estas parturientas ilegales continuarán recibiendo asistencia en nuestros hospitales; y reiteró que ellas seguirán entrando a parir en nuestras maternidades; su apoyo va más allá de lo humanitario.

Hay que estar alertas, porque poco a poco están invadiendo nuestro territorio y agrediendo nuestra soberanía.

Recientemente un pastor haitiano arengó a una asamblea de compatriotas suyos la unificación de ambos países. Y apenas semanas después de aquel atrevido absurdo, otro grupo bajo festejo izó las banderas dominicana y haitiana en Villa Tapia, estimulando histórico sueño de que la isla es una e indivisible. Esa acción de cara a una estatua de Juan P. Duarte es una provocación, un desafío y un agravio inaceptable, que pudo terminar con resultados fatales.

Ningún gobierno había sido tan permisivo como este con unos vecinos que por siglos se han creído dueños de la parte oriental de esta isla que costó sangre de la buena para que hoy la tengamos como legítimos, verdaderos y únicos propietarios. Nuestras autoridades no servirían para muy poco, si no sirve para defender la soberanía del pueblo dominicano.

Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

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