Columnas

Jueza Miriam Germán Brito

Por: Namphi Rodríguez

En los anales judiciales, hay registros de jueces que han actuado con independencia, pulcritud y valentía, aplicando el principio predicado por el gran jurista romano Dominio Ulpiano que definía la justicia como la constante y perpetua voluntad de darle a cada quien lo suyo, y Aristóteles que decía que la “justicia es tan maravillosa como el lucero de la tarde y la estrella de la mañana”.

Hago acopio de esta frase y del título precedente de un artículo publicado en octubre del 2015 en este diario, en el que se pondera la trayectoria sin dobleces de la magistrada Germán Brito.

Las “Epístolas irreverentes al poder” de Miriam Germán son un fehaciente testimonio de integridad de una jueza que ha sido testigo de excepción de los azarosos momentos vividos por nuestro Poder Judicial.
Conozco a Miriam Germán desde hace más de dos décadas; eran mis días de hombre feliz e indocumentado embadurnando cuartillas como cronista judicial del desaparecido vespertino Ultima Hora.

En los corrillos del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, la magistrada Germán ya era una autoridad. Suya es la idea de que no hay peor condena para un acusado que la del prejuicio silente del juzgador.

Por eso, su tribunal era reservorio de quienes impetraban justicia en un sistema inquisitorio sordo que se asemejaba a una larga noche bajo la sombra del poder omnímodo de Joaquín Balaguer.

En septiembre de 1993, la magistrada envío una de sus célebres cartas a Balaguer, en la que le respondía el reproche público que el octogenario líder le hizo por una sentencia a favor de un acusado por insuficiencia de pruebas.

“Sólo cuente con nuestra sentencia condenatoria, dijo, cuando el Ministerio Público cumpla su obligación de probar y los que investigan dejen de acomodar expedientes para luego rasgarse las vestiduras”.
De manera que sus misivas a los magistrados Mariano Germán Mejía y Jean Alaim Rodríguez son parte de su querella histórica en demanda de la despolitización de la justicia.

En el caso Odebrecht, desde el principio, la magistrada Germán advirtió que el Ministerio Público sustentaba una acusación en “delaciones premiadas” que privilegian el “yo creo o me parece”.

Por eso dijo que no compartía la imposición de medidas de coerción de hasta de un año de prisión procuradas por el Ministerio Público en medio de un circo mediático en el que se difundían vídeos por la televisión de abruptos apresamientos de los acusados.

El tiempo no sólo le ha dado la razón, sino que le ha revestido de una dura coraza moral para sustentar el reclamo que hoy hace al Presidente de la SCJ y al procurador general de la República.

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