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La “falta de mantenimiento” de los bienes públicos

No es posible cuantifi car lo que el Estado pierde cuando se deterioran equipos, obras, vehículos y otros bienes públicos por culpa de escaso o pobre mantenimiento, tanto preventivo como correctivo.

Este es un descuido no sancionado y, probablemente, no considerado de manera formal dentro de los presupuestos gubernamentales.

A nadie parece dolerle estas desatenciones, mucho menos a los propios responsables de operar y mantener equipos o darle las atenciones que de tiempo en tiempo necesitan ciertas infraestructuras para que no queden inutilizables o inservibles.

Cuando el deterioro de uno de estos bienes públicos llega a su clímax, se suelen dar dos cosas: o se abandonan defi nitivamente, aunque sean recuperables, o se recurre a la compra de los sustitutos, lo que no resuelve el problema de fondo, porque a estos últimos también les espera su tanda de descuido.

Esta disfuncionalidad de la burocracia ofi cial es lesiva a los intereses del pueblo dominicano, que paga impuestos para recibir mejores servicios públicos, y al mismo tiempo gravosa para las fi nanzas del Gobierno, que debe de corregir pronto estos descuidos para evitar mayores costos por depreciación o inutilidad.

En un contexto de indiferencias e indolencias, llama la atención la convocatoria a licitación que está haciendo el Servicio Nacional de Salud para contratar los servicios de mantenimiento de equipos médicos y no médicos en diferentes centros hospitalarios.

Una excelente iniciativa, llamada a recuperar o proteger equipos valiosísimos, por su precio y por su utilidad en la curación de enfermedades, que existen en nuestros hospitales. Lo mismo deberían de hacer las demás entidades ofi ciales, para combatir las secuelas que deja la “falta de mantenimiento” de los bienes públicos.

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