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La nueva línea del Metro

Con la entrada en servicio de la segunda línea del Metro, esta semana, la capital encontrará una nueva válvula de escape a su crisis de transportación de pasajeros, uno de los grandes males que la enferman como metrópolis moderna.

Ya se apreciará, con el tiempo, el nivel de alivio que producirá la opción de trasladar pasajeros en condiciones de comodidad, rapidez y bajo costo, en medio de un sistema de tránsito y transporte literalmente colapsado.

Más de 850 mil residentes en el municipio de Santo Domingo Este podrán movilizarse a grandes distancias usando la nueva línea 2-B y la principal, mediante el mecanismo de transfer, lo que quitará presión a los autobuses, conchos y motoconchos que se mueven sin control por esa zona.

La construcción de líneas de Metro y de teleféricos, junto a la creación de nuevas empresas de transporte que a su vez quedarían reguladas por un esquema de estaciones y el rediseño vial construyendo tréboles o elevados, debe ser la apuesta por la modernidad en una urbe de 4 millones de personas acogotadas por los fallos de sus servicios públicos elementales.

Esta es la cruda realidad que viene mostrando el LISTÍN DIARIO a través de su serie de investigación “La metrópolis enferma”, con la intención de señalar los puntos críticos que afectan la salud, la convivencia social y el medio ambiente, a consecuencia del descontrolado y desorganizado crecimiento urbanístico y humano.

Naturalmente que para lograr un nivel de servicios públicos más eficientes se requiere de una política especial dirigida a atacar concretamente los males de la ciudad, ya que estos se irradian más allá de su periferia y afectan a la parte mayoritaria de la población.

Hasta ahora, el Distrito Nacional y los municipios de la provincia de Santo Domingo se manejan con planes y prioridades distintas, a pesar de que esta es, en los hechos, una misma unidad territorial, conectada entre sí, aunque diferenciadas por una simple denominación jurídica.

Debe existir el plan integral del Gran Santo Domingo, como un solo núcleo donde todos sus habitantes sufren los impactos de una crisis muy propia de su gigantismo.

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