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La ortorexia puede convertirse en un problema de salud mental

“Soy extremadamente exagerada con mi alimentación. Yo misma me la preparo, la compro, lavo todo y cocino contando hasta los minutos de cocción”. Estas palabras son de Priscila Almonte, una joven de 25 años que admite tiene el trastorno de ortorexia.

Quizás usted no sepa qué significa este término. Ella pudiera explicarlo, pero LISTÍN DIARIO prefirió contactar a una experta en nutrición para que define este trastorno que parece afectar a más personas luego de la llegada triunfal del Covid-19.

“Bueno, más que un concepto, la ortorexia es la obsesión por la comida sana. Quienes lo padecen suelen llegar a un extremo delicado que puede terminar inclusive, en un padecimiento psicológico o hasta psiquiátrico que requiera de atención profesional”. Esa clara explicación es de María Fernanda Restrepo.

Desde su perspectiva, es correcto y recomendable consumir alimentos saludables, pero jamás al punto de crear una “manía”. Todo comienza bien. Puede parecer que se trata de un comportamiento adecuado, comenta la especialista previo hablar del “sin embargo” que utiliza para advertir que con el tiempo esto puede convertirse en un problema que afecta la salud física, mental y emocional de la persona.

Aunque cualquiera puede estar en riesgo de padecer ortorexia, hay quienes son más propensos a terminar padeciendo esta patología. Entre esa población vulnerable menciona a las mujeres, a gente que gusta lucir una buena apariencia física, a los deportistas, así como a quienes son esquemáticos con su diario vivir, a jóvenes, y sobre todo, a personas que vienen de superar la anorexia nerviosa.

Después del coronavirus
En base a la experiencia que tiene con pacientes afectados con la ortorexia, Restrepo comenta que luego del Covid-19 ha visto nuevos casos de personas que han caído en este trastorno, y también ha observado que gente que la padecía, ahora son más intensos en la búsqueda de salud a través de una estricta comida sana.

“Podemos decir que tienen razón, pues ha quedado demostrado que hay que alimentarse bien para subir la defensa que es la que nos permite hacer mejor frente al Covid, pero realmente, debo decir que, precisamente por esta búsqueda, la obsesión por la comida sana, es decir, la ortorexia está llevando más pacientes a la consulta psicológica. O sea, buscamos no enfermarnos con el consumo de una buena alimentación, pero terminamos enfermos de la mente por la obsesión, y así no”, concluye la voz experta.

Testimonio
Lo que cuenta Priscila Almonte en el primer párrafo de esta historia, es algo simple. Entérese de que su trastorno es ya tan agudo que, ahora con la presencia del Covid, ha aumentado su cuidado a la máxima expresión. “Voy al supermercado tempranito para escoger productos frescos. Voy directo al espacio donde están todos los alimentos saludables que consumo, y enseguida me retiro. Ahora trabajo desde casa y me resulta fácil prepararme la comida. He redoblado el cuidado por el asunto del Covid”. Esos son los pasos que agota la joven para consumir alimentos saludables.

Lo que dicen algunos expertos, de que quienes padecen de ortorexia suelen hasta privarse de ir a eventos que amenacen con romper su rutina “saludable” al alimentarse, Priscila lo corrobora. “Yo soy una. No le como nada a nadie. No sé con qué lo prepararon y qué productos usaron. Yo solo confío en lo que hago yo. Ya ni mi mamá me cocina”. Así de exagerada es ella, y cuenta que no piensa buscar ayuda psicológica.

Punto de vista psicológico
El acompañamiento idóneo a esta condición alimenticia supone la participación de un equipo multidisciplinario que incluye enfermeras, psicoterapeutas, médicos, psiquiatras, dietistas o nutriólogos de modo que se desarrolle una intervención integrada que combine la terapia farmacológica, con la terapia cognitiva conductual, terapia de exposición para la prevención de respuesta, y psicoeducación para la salud. Cuando se observa pérdida de peso importante y malnutrición se recomienda ingreso hospitalario. Esto lo expresa Patricia Liranzo, psicóloga clínica, del Grupo Profesional Psicológicamente.

Las intervenciones deben ser individuales, en función de las necesidades particulares de cada quien. Se plantean como propósitos, el cuidado, no únicamente de lo que el paciente come, sino del procedimiento de la compra y los sentimientos experimentados relativos a los alimentos.

Se trabajará con un reentrenamiento en el hábito alimenticio para revertir el modo de comer de la persona. La reestructuración cognitiva como intervención es favorable para desactivar los errores del pensamiento comunes de esta condición como la catastrofización, y sobregeneralización que rodean a los alimentos, la alimentación y la salud.

Según Liranzo, diversas formas de entrenamiento de relajación serían útiles para mejorar los estados ansiosos pre y postprandial (niveles de glucosa después de las comidas) y otras ansiedades vinculadas a la salud.

Se pueden incluir algunas estrategias de modificación de conducta que conduzcan a ampliar el repertorio de alimentos, incrementar la socialización durante las comidas e incorporar otras actividades de ocio no conectadas a alimentos, explica .

Fuente: Listín Diario

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