Editoriales Invitados

La reforma de la ley electoral

Después de un largo, difícil, conflictivo y por momentos irritante proceso, al fin se aprobó una ley que busca instituir un marco específico para los partidos políticos, la semana pasada. La decisión del Congreso no resultó de generalizado consenso, y a consecuencia de ello se habla de que podría presentarse, tras su promulgación, una instancia ante el Tribunal Constitucional.

Los actores políticos siempre saben a qué atenerse, pero mientras tanto, hay una norma, sobre la cual surgió un disenso, precisamente al interior del partido oficial y otras fuerzas.

Podrían suscitarse consistentes debates acerca de la constitucionalidad del artículo 46, pero después de tantas dificultades con el proyecto, ahondar en ellas después de la aprobación, en esta coyuntura, no parece oportuno, al margen de las razones que pudieran existir. Quizás más adelante, en el curso de la historia, una simple modificación en el Congreso, podría salvar las diferencias.

Ahora lo razonable sería retomar el proyecto de reforma de la ley electoral 275-97, y en esa dirección tratar de cerrar un ciclo.

Ya quedan sólo cuatro meses y días de este año, y pronto estaremos en el preelectoral. Una ágil y prudente actuación de los políticos podría permitir en breve tiempo conocer el proyecto de reforma de la ley electoral, y aprobarlo.

Conocer y aprobar las reformas necesarias presentadas por la Junta Central Electoral (JCE) cobra importancia por la necesidad de robustecer los medios de actuación de esa institución en la antesala de un proceso electoral. Acerca del que se avecina, ha surgido un punto de vista, avalado por opiniones de diferentes fuentes, coincidente en que será algo complejo. Para manejar asuntos complejos las organizaciones necesitan los mejores recursos para llevar a término sus misiones. Con la adecuación de la ley todo resultaría favorable a ese propósito.

Desde cualquier punto de vista, realizar los cambios necesarios contribuiría a estimular el establecimiento de un clima despejado, libre de elementos perturbadores que limiten la actuación de una institución tan decisiva como la JCE.

Asumimos que este es el momento para dar el paso. No se perciben factores que lo dificulten.

Comentarios para este artículo

Otros Artículos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver también
Cerrar
Botón volver arriba