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La Restauración y sus próceres desconocidos

Al conversar con jóvenes universita­rios sigo re­frendando la preocupación de que la modernidad junto con la tecnología han creado ciertos conceptos sin es­tructuras sólidas, alejados del conocimiento, sobre todo de la historia, ávidos de la educación cívica in­dispensable para los líde­res del mañana. Un ejerci­cio simple me llevó a esta conclusión, el cual fue el siguiente, les pregunté so­bre el origen de la pasa­da provincia de Salcedo, nombrada así en 1891, en honor al general Fran­cisco Antonio Salcedo (Ti­to), nacido en Santiago. La misma fue convertida en provincia en 1952, y des­de el 2007 lleva el nom­bre de hermanas Mirabal, en homenaje a las tres he­roínas asesinadas al final de la era de Trujillo. Asi­mismo, para mi sorpresa, pocos conocían al general Francisco Antonio Salce­do (Tito), a quien algunos lo confunden con el héroe restaurador, general José Antonio Salcedo (Pepillo), nacido en Madrid, España.

Un municipio de la provin­cia de Monte Cristi, en la Lí­nea Noroeste, fue honrado con su nombre.

Hay que precisar que el general José Antonio Salce­do, primer presidente res­taurador, participó tanto en la guerra de independencia contra Haití en 1844, co­mo con su liderazgo en la guerra de Restauración en 1861.

Sobre el otro desta­cado soldado, general Fran­cisco Antonio Salcedo, este luchó en la guerra de inde­pendencia, (batalla del 30 de Marzo), saltando a la gloria al ser la primera espa­da en la batalla del cerro de Beller en Dajabón, con la to­ma del fuerte el Invencible.

En lo que respecta al ge­neral Gaspar Polanco, que todavía es menos conoci­do que los otros héroes res­tauradores mencionados, el profesor Juan Bosch, nos dice que este fue el verda­dero adalid de la Restaura­ción, nacido en Corral Vie­jo, Guayubín. En la guerra de independencia partici­pó en campañas que tuvie­ron por teatro la Línea No­roeste. Ascendió a general de brigada, grado con que le encontró la reunificación a España. Al iniciar formal­mente la guerra restaurado­ra en el 1863, fue el más im­portante hombre de armas que se pasó a las filas domi­nicanas. Marchó hacia San­tiago, tras vencer a Alfau, Buceta y Hungría, cercó a los españoles en la fortaleza San Luis, incendiando el re­cinto cercano a la fortaleza, haciendo que los invasores se batieran en retirada ha­cia Puerto Plata.

Posteriormente, fue con­formado el primer gobierno restaurador con el general José Antonio Salcedo (Pepi­llo) a la cabeza. Este tuvo la honra de ser el primer y el más espontáneamente ele­gido de los tres que se suce­dieron en el período de la guerra restauradora, sien­do fusilado por orden del general Gaspar Polanco, destacado soldado de van­guardia, que participó en la batalla de Sabana Larga (1856) bajo el mando del general Juan Luis Franco Bidó, en Dajabón.

Como aprendizaje de la política dominicana, Pepillo Salcedo, un hombre valien­te, cuando iba a ser fusila­do, cortó una vara de un ár­bol de la foresta y se midió el cuerpo con la misma, y le dijo a sus captores: “tengan esa vara y dénsela a Gaspar Polanco, que con la misma vara lo medirán”, y así fue, ya que sólo permaneció tres meses en el poder, traicio­nado por los mismos intri­gantes que lo hicieron con Pepillo Salcedo, quienes lo acusaron de asesinar a Pe­pillo de forma sumaria, sin que mediara de por medio un juicio justo. Es curioso precisar que Gaspar Polan­co, siendo un presidente ile­trado, firmaba los decretos con una cruz.

Como se puede colegir, el fusilamiento de Pepillo, pro­ducto de la mentira aviesa y la influencia de los perver­sos de siempre, manchó la hoja de vida del valiente ge­neral Gaspar Polanco, quien en el teatro de guerra fue un maestro de las embo­cadas, el hostigamientos y las persecuciones que tanto daño le causaron al ejérci­to español, figura solamen­te equiparada por el general Gregorio Luperón, héroe de la Restauración de la Repú­blica.

La guerra continuó por la región que hoy comprende a Monte Plata, Bayaguana y el río Yabacao. El 3 de mar­zo de 1865, la reina de Es­paña, firmó el decreto de­rogando la anexión. El 10 de julio las tropas españo­las comenzaron la retira­da para: Cuba, Puerto Rico y España. Quince días más tarde no quedaba un solo soldado español en Santo Domingo.

Con Pedro Santana muerto, y el ejército espa­ñol derrotado, la guerra había terminado, y gracias a ese sacrificio de nuestros valientes soldados, hoy te­nemos una bandera, un es­cudo e himno que nos ha­cen sentir dominicanos, celebrando con júbilo este 16 de agosto la Restaura­ción de la República.

Esperamos que con una acertada estrategia del Esta­do, se reestructuren los pen­sum académicos de los cole­gios privados y las escuelas públicas, haciendo énfasis en el conocimiento real de nues­tra historia, reforzando la im­portante materia de educa­ción cívica, ya que un país de gente culta y educada, que ame su país, tendrá la tripu­lación adecuada, sobre todo en los gobiernos y en el sector privado, para guiar el buque de la nación por la senda del progreso y la paz.

Fuente: LD

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