Editoriales Invitados

Las buenas obras y sus enemigos

Cada vez que ha sido necesario, muchos ciudadanos han coincidido en reconocer como positivo el crecimiento al 4% de recursos públicos para inversiones en educación con inclusión de la Tanda Extendida, un brillante hito que ahora aparece ensombrecido por el presagio de un regreso a aulas privadas de numerosos estudiantes que habían migrado al sistema estatal atraídos por su aparente mejoría. Un clima de estresante inseguridad, denunciado el viernes ante más de cien directores de colegios particulares, originó el preocupante diagnóstico de pérdida de confianza que de inmediato genera interrogantes sobre el efecto de haber elevado el gasto en la enseñanza sin al mismo tiempo fortalecer el principio de autoridad para disciplinar alumnos y protegerlos.

El miedo a ser blanco de la violencia en el lugar que más seguridad debe ofrecer al estudiante fuera del hogar crea un ambiente completamente adverso a los procesos de enseñanza. Ninguna flamante edificación cumple bien sus fines si resulta pobremente regida por directrices aplicadas por un personal docente y administrativo que no reúna capacidades ni asuma responsabilidades por los matriculados. Si no se instalan gestiones de centros escolares basadas en el respeto a normas de convivencia y de rechazo al desorden y a los riesgos de influencias extrañas a escolares, los muros novedosos que por doquier están sirven de poco.

Contradicciones de “nuestra” PN

Ningún acto aparentemente aislado debería contradecir la estrategia de imagen que tiene en marcha la Policía Nacional para lograr que la sociedad se identifique con ella y la sienta a su lado. Si un grupo de sus agentes con cara de pocos amigos invade una pacífica rueda de prensa de enfermeras amedrentando con preguntas y tomando de notas e imágenes de los presentes, incluyendo a reporteros que cumplían ordenadamente sus tareas, no hay forma de ver a tales polizontes como amistosos, respetuosos y solidarios.

Como tampoco habría excusa que valga por un hecho bochornoso y violador de domicilio ante los testigos de excepción de la propia prensa nacional. Ni siquiera cuando anteriormente la Policía se abstenía de proclamar que era parte de la colectividad civil ocurrían tales brutalidades.

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