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Las motocicletas

El crecimiento exponencial de las motocicletas en el tránsito de nuestras ciudades, impulsado por los “deliveris” que entregan todo tipo de productos, es un peligro público que tiene que ser regulado.

Ya ni los peatones pueden cruzar una calle por el temor de que los arrolle uno de estos motociclistas que van a la mayor velocidad posible para que no se les enfríe la comida que llevan a los hogares.

No se trata de impedir un negocio y una fuente de empleo que, además aporta un servicio público en tiempos difíciles, sino de que se establezcan mecanismos de control como podrían ser carriles, iguales a los establecidos para bicicletas y más energía en la aplicación de la ley por parte de los agentes del orden, porque el desorden que se propicia tiene un oscuro ingrediente: el incontrolado desorden crea una “cultura” de indolencia, de irrespeto a la ley y a la vida y bienes de los demás que conspira contra los esfuerzos por una sociedad organizada en el país.

Si los agentes de la DIGESETT no se dan a respetar de los motoristas, están disminuyendo su autoridad ante los demás conductores.

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