Editoriales Invitados

Los hospitales regionales

La periodista María Teresa Morel acaba de describir la cruda realidad de una categoría hospitalaria llamada “regional”, creada como una instancia del tercer nivel en una determinada demarcación territorial para atender problemas de salud de los ciudadanos que no pueden ser resueltos en los centros de atención primaria o en los hospitales municipales.

Son nueve hospitales distribuidos en esas regiones sanitarias “preparados” para atender intervenciones diagnósticas y quirúrgicas complejas, y como centros de especialización de médicos recién graduados. Hablamos de los hospitales regionales de San Cristóbal, San Pedro de Macorís, San Francisco de Macorís, La Vega, Santiago, Mao, San Juan de la Maguana; Barahona y el Distrito Nacional.

El hallazgo más resaltante de Morel es que la misión a cumplir por cada uno de esos centros sigue siendo una aspiración, y que, por separado, ninguno tiene la capacidad prevista en el Modelo de Red de los Servicios Regionales de Salud aprobado en 2005.

Ese modelo prevé que los hospitales regionales deben ofrecer un mínimo de 20 servicios, a cargo de especialistas en embarazo, parto y puerperio de alto riesgo; cirugías y procedimientos especializados como cateterismo cardíaco, electroencefalograma, electromiografía, prueba de esfuerzo, endoscopias y hemodiálisis, así como estudios diagnósticos especializados como tomografías, resonancia, ecografía. También deben disponer de banco de sangre y hemoterapia; confirmación diagnóstica y atención a casos de neoplasias o tumores, cirugías, tratamientos ionizantes y biopsias; atención en cuidados intensivos de adultos y neonatal; atención en consultas de fisioterapia y rehabilitación; provisión de servicios de farmacia, odontología especializada y otros.

El drama es que en esos hospitales pueden ocurrir dos situaciones: 1) tener suficientes especialistas, pero sin instrumentos adecuados, o 2) disponer de costosos equipos, pero subutilizados por carencia de recursos humanos calificados para manejarlos.

Por eso, muchos pacientes del interior tienen que viajar hasta el Gran Santo Domingo, porque, frustrados, no encuentran soluciones a sus dolencias en los centros regionales.

En otros casos, algunos de esos hospitales son sometidos a reparaciones interminables, y en la práctica, es como si no estuvieran en servicio.

El Estado debe devolver a los hospitales regionales sus capacidades, y trabajar seriamente una política de recursos humanos que permita brindar las soluciones que la gente espera.

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