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Mejor Constitución 3 de 3

Es una perogrullada afirmar que en nuestro sistema jurídico existe una gran proliferación de leyes. Esta situación no se produce porque el Poder Legislativo sea adicto al trabajo. Nada de eso. Se debe a que nuestros sectores dominantes, más que el Gobierno, siempre están dispuestos a complacer las exigencias de los organismos internacionales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América (EUA) y la Unión Europea (UE) son partes de los dueños del mundo que nos imponen sus deseos. Estos suelen solicitar que se aprueben normativas para garantizar los préstamos o las asesorías que nos dan. La reciente Ley de Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo. Es más draconiana que la de EUA.

En nuestro afán de hacernos graciosos frente a esos organismos internacionales, solemos reproducir en el ordenamiento legal la práctica añeja del ámbito económico. Esto es, que como estamos acostumbrados a permitir que la economía se oriente a satisfacer las necesidades de los poderosos, hasta el grado de ponerla a producir rubros baratos para postres, como el azúcar, el cacao, el café y las frutas, nos olvidamos de lo que nos conviene, y con ello de la industrialización necesaria.

De la explotación minera, con su criminal depredación del medio ambiante, hasta el ecocidio, no hay ni que hablar. Ellos son dioses del Olimpo, que obtienen aquí concesiones a niveles de colonizadores. Explotan a cielo abierto nuestros yacimientos, con métodos y técnicas prohibidos, que no se atreven a usar en sus países de origen.

Ciertamente, aprobamos las leyes que ellos quieren y exigen, no las que deseamos y necesitamos. Ahora bien, debemos admitir que en los últimos tiempos los gobernantes de afuera están presionando a los dominantes de adentro para que se reduzcan los niveles de corrupción. Y esto es muy bueno. Pero no lo hacen para servirnos, sino para ellos beneficiarse de la mejor manera.

Eso se puede comprobar con analizar las operaciones corruptas de Odebrecht, no solo en esta nación, sino en cada uno de los países latinoamericanos en que operó. Gracias a sus transacciones ilícitas logró ganar licitaciones para la construcción de obras de infraestructura que bien pudieron ser atribuidas, sin sobornos, a transnacionales estadounidenses. Por su alta tecnología, los EUA están en condiciones de ofertar obras a menor costo y a mayor calidad, con lo que ganarían los concursos.

Así las cosas, mientras los poderosos logran aquí la seguridad jurídica, el pueblo se siente desamparado, a pesar de tener una Constitución garantista y un sistema jurídico envidiable, cuando se aplicara.

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