Columnas

Pandemia y justicia

Por: Rafael Ciprián

(1 de 2)

La pandemia del coronavirus es lo más terrorífico y democrático que le ha pasado en los últimos años, no solo a nuestra República Dominicana, sino al mundo. Y sabemos que esta aseveración contiene una aporía o contradicción lógica que debemos dilucidar. Y lo haremos.

Es muy difícil negar que la COVID-19 es la enfermedad más agresiva, infecciosa y mortal que haya atacado a la Humanidad, conforme a la mejor memoria colectiva, que se pierde en la noche de los tiempos. Ni la mal llamada gripe española del 1918, que debió denominarse gripe norteamericana, fue tan terrible. También nos impactó.

Por la explosión demográfica, las aglomeraciones de personas, el extraordinario desarrollo de las comunicaciones, la globalización y la conversión del planeta terráqueo en una aldea global, como lo proclamó el canadiense Marshall McLuhan, la COVID-19 está en condiciones de hacer el mayor daño posible, si se inobservan las medidas preventivas establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMC), otros organismos internacionales y autoridades locales.

Ya golpeó brutalmente los sistemas sanitarios, la economía y el modo de vida de las naciones. Van más de 6 millones de infectados y alrededor de 400 mil muertos en el mundo.

En nuestro país, unos 18 mil enfermos y cerca de medio millar de fallecimientos.
Nadie está a salvo. Hay mucha ignorancia sobre la COVID-19. Se atacan los síntomas, no las causas. Y si nos descuidamos, nadie podrá contarlo. Nada más terrorífico.

Pero como no existe nada que sea absolutamente malo que no tenga algo bueno, y viceversa, la pandemia tiene de bueno que es lo más democrático del mundo. No discrimina género, ni condición económica o política, ni raza ni religión, ni persona alguna.

Y eso es un hecho que puede despertar la fraternidad, la solidaridad, la bondad y las demás virtudes humanas, que el capitalismo salvaje sepultó. Quizá, solo quizá, aprendemos ahora que todos somos uno.

Solamente los tontos consideran que el mal de muchos es consuelo; pero es innegable que los países altamente desarrollados, con las mejores economías, que han sido golpeados rudamente por la COVID-19, dueños absolutos de las maravillas del asombroso desarrollo científico y tecnológico, como los Estados Unidos de Norteamérica y Europa, muy especialmente, están forzados a buscar con urgencia la vacuna y demás medios para detener la mortífera pandemia. O se hunden ellos también.

No es una de las muchas enfermedades que diezman los pueblos pobres, fácilmente curables y, sin embargo, soslayadas por los países ricos. Igual que el hambre de los desheredados, causa eficiente de enfermedades.

Además, la COVID-19, que es una enfermedad muy mala, está impulsando cambios muy positivos en la justicia dominicana.

Comentarios para este artículo

Otros Artículos

Botón volver arriba