Cartas del Lector

Paros, huelgas y reclamos

Señor director:

¿Qué ocurre cuando las personas, sindicatos e instituciones se cansan de que abusen de sus derechos, de que no se les considere y el costo de la vida se eleve a tal grado que sea cada vez menos posible sostenerlo?. Sencillo, la sociedad de descoloca y las protestas se convierten en la herramienta obligatoria.

Ayer lunes, cuando apenas iniciaba la semana, desde las primeras horas de la mañana el caos era visible por doquier. Pasajeros en masa varados en todos lados, otros se acordonaron en una intercesión del centro de la ciudad impidiendo el paso vehicular, todo esto a raíz del paro sorpresivo convocado por Fenatrano para exigir al gobierno la rebaja de los combustibles, lo que acaparó la atención de los medios y de toda la ciudadanía en general.

Ante esta situación, militares y policías fueron desplegados en distintos puntos de la ciudad para evitar desordenes durante el paro.

Horas después otra protesta era noticia, esta vez en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), allí presuntos estudiantes obstaculizaron las vías cercanas al recinto provocando esto el cierre del metro en la parada Amín Abel y el paso vehicular en el túnel de la avenida Ortega y Gasset. Se presume que el motivo también era revelarse contra el costo de los combustibles y pasajes.

Los sindicatos de trabajadores también protestaron y exigieron al gobierno un aumento de salario y mejores condiciones laborales, de lo contrario pondrían fin a la paz laboral.

Esa es nuestra realidad, una sociedad agobiada por los abusos, el despilfarro económico, la corrupción, en fin, tantas razones que estas líneas serían insuficientes, y en la mayoría de los casos, la justica “brilla por su ausencia” lo que incrementa la impotencia y la irracionalidad ciudadana.

Lamentablemente la situación se agudiza y con ello la reacción de miles de ciudadanos que aún de las protestas pacíficas generan un caos porque ya no encuentran otra alternativa para llamar la atención y ser escuchados.

Los gritos de todo un país son audibles pero los implicados se hacen de oídos sordos mientras conducen a la deriva un barco lleno de tripulantes que solo exigen mejores condiciones de vida para todos.

Atentamente,
Yesika Florentino
Periodista

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