Editoriales Invitados

Peligrosidad de las insuficiencias

El comportamiento del virus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad covid-19 no está siendo conocido al ciento por ciento en su penetración a República Dominicana para las urgencias de combatirlo con mejores posibilidades. La aplicación de pruebas de laboratorio que debió avanzar hacia más de dos mil diarias, no ha sido alcanzada semanas después de prometerse varias veces. Sin un crecimiento en detectar portadores, la incertidumbre es mayor. Saber por boletines rutinarios los números de fallecidos, contagiados y rescatados pinta un panorama incompleto. No el que permitiría concentrarse más objetivamente en la pandemia.

Cierto es que muchos insumos e instrumentos para exámenes masivos están bajo fuerte demanda mundialmente, pero otras naciones equiparables reportan más altos índices y lo que más comúnmente se dice es que República Dominicana cumple con especializar fondos contra la pandemia y que es receptora de gruesas ayudas en especie y dinero; con agilidad para acudir por vía aérea a China cada día en busca de materiales, gracias a un caudal partidario oficial inagotable. Además se ha reducido la asistencia integral a los problemas de salud comunitarios a cargo de centros privados y hospitales incluyendo tratamientos oncológicos a vida o muerte. Los pacientes se alejan de la protección por la preferencia a la covid-19 y no pocos centros y médicos contribuyen a ello.

Sensibilizarse ante calamidad

El precio a pagar socialmente por la paralización económica crece sin parar para los trabajadores sin ingresos y para negociantes menores y medianos que no pueden hacer reserva de poder adquisitivo para capear el temporal. Llevados a los extremos que demuestran lo destructivo que resulta el coronavirus, aun sin tocar directamente los cuerpos para acabar con ellos.

Contra esas consecuencias -pendientes de que pueda controlarse la covid-19- tendrían que actuar con mucho más recursos el propio Estado que alivia con subsidios y repartos de alimentos los sufrimientos de una parte de la población; y también tendría que hacerlo el sector privado de áreas que producen alimentos que en gran volumen se pierden por la falta de logística y de cobertura de costos para mitigar el hambre de los desposeídos.

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