Política

Politólogo afirma discurso Abinader le faltó empatía

El politólogo Belarminio Ramírez consideró que el presidente Luis Abinader debió dedicar más espacio en el discurso a desmontar las expectativas que creó en la campaña electoral debido a que asume las riendas de la nación en medio de una aguda crisis que no había tocado a ningún Gobierno en la historia de la democracia dominicana.

Ramírez consideró que el discurso debió estar mejor enfocado y calibrado en el propósito de describir el descalabro de la economía por la pandemia fruto de la enfermedad covid-19 y el panorama sombrío que espera al país y que en su rol de economista el nuevo presidente conoce y entiende bien.

Expuso que el discurso de Abinader debió acercarse al que pronunció Barack Obama cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2009, quien le dijo de manera precisa y objetiva a los ciudadanos que lo que había ofrecido en la campaña no era posible cumplir en cuatro años y que por la dimensión de la crisis económica, el plan y la visión que había ofertado requería de más de una década.

Entiende que para este desmonte se requiere de sinceridad y humildad. “Desmontar las expectativas requiere de sinceridad y humildad, de una comunicación racional, espiritual y emocional sincronizando el cerebro con el corazón, energías que no irradió el orador en su discurso de toma de posesión”.

Ramírez agregó que desmontar las expectativas requiere utilizar retóricas discursivas para “echarse al muerto” en busca de compasión, pena, cooperación y solidaridad como lo hizo Joaquín Balaguer el 16 de agosto de 1986 y Danilo Medina el 16 de agosto del 2012. “Para conseguir esto, el orador debe vencer su propio ego”, apuntó.

Impotencia. Ramírez enfatizó que en el discurso de Abinader debió ser más sincero y enfatizar más en que su visión y su plan ofertado en la campaña electoral se encuentran frente a una crisis económica por una pandemia jamás vivida por la humanidad.

Señaló que Abinader debió apelar a una comunicación emocional e irradiar su impotencia.

“Es como dejar entrever, pero sin textualizarlo: “quiero mejorar la vida de todos ustedes, es mi deseo, pero las circunstancias por ahora me lo impiden”, dijo.

Para Ramírez en una fase del discurso quien habló fue un candidato cuando en el trayecto completo de la disertación debió hablar un presidente con muchos problemas por resolver pero lleno de voluntad y de buenos deseos.

“En su déficit de empatía emocional y espiritual, el discurso careció de algo elemental y es que no pintó un gráfico de las expectativas y esperanzas cerebro social. El discurso no describió imágenes de sufrimiento, dolor y padecimiento, depresión emocional colectiva fruto de una pandemia que no sabemos hasta cuándo nos estará golpeando”.

Ramírez apuntó que esa sinceridad en la descripción del panorama adverso debió tener un apelativo más enfatizado en un derroche de inteligencia espiritual, tomando en cuenta que le habla a un pueblo con un 99.9% creyente en Dios.

“El discurso fue muy racional, error en que con frecuencia incurren los empresarios, tuvo un déficit de inteligencias emocional y espiritual que con el tiempo, con el ejercicio del poder superará cómo ha sucedido con otros presidentes”, concluyó Ramírez.

Por: Hoy

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