Reportaje de la Semana

Por qué América Latina es la región más violenta del mundo (y qué lecciones puede tomar de la historia de Europa)

Por: Gerardo Lissardy /BBC News Mundo

Comencemos con un repaso de la crónica roja de América Latina en la última semana, al azar.

Cuatro personas murieron en Puebla, México, en un tiroteo afuera de la fiesta de graduación de un kínder. Decapitaron a un líder social en el departamento colombiano de Córdoba. Una balacera entre bandas criminales rivales dejó tres muertos y cinco heridos en Manaos, Brasil…

Cada día, semana, mes, Latinoamérica suma nuevas víctimas a su peor estadística: la que la vuelve la región más violenta del mundo, con las mayores tasas de homicidio conocidas, según un informe publicado esta semana por las Naciones Unidas.

El continente americano reúne 37% de los homicidios de todo el planeta, señaló el estudio. Casi todos ellos ocurren en América Latina, que concentra apenas 8% de la población mundial.

Desde el 2000 fueron asesinados violentamente más de 2,5 millones de latinoamericanos, según el instituto Igarapé, un centro de análisis con sede en Brasil. La cifra es comparable a la población de ciudades como Medellín, Guayaquil o Belo Horizonte.

El homicidio en América Latina «puede describirse como una epidemia», dice Angela Me, jefa de investigación de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (Unodc por sus siglas en inglés) que realizó el estudio global, a BBC Mundo.

Militares mexicanos y personal forense en una escena de crimen en la ciudad de Nuevo Laredo, estado de Tamaulipas.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionForenses trabajando en la vía pública: una escena cotidiana en algunas zonas de Latinoamérica.

El fenómeno suele atribuirse a problemas económicos, pero el crimen aumentó durante el boom de materias primas que la región tuvo en la década pasada, cuando bajaron los índices de pobreza.

A menudo se habla de escasez de gasto público en seguridad, pero este rubro como proporción del gasto público total en Latinoamérica es casi el doble de la media del mundo desarrollado, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Otro argumento que suele esgrimirse es que falta «mano dura» contra el crimen, pero la población carcelaria en las Américas (sin incluir a Estados Unidos) creció 121% desde el 2000 según el informe mundial sobre prisiones (World Prison Brief, del ICPR) y el baño de sangre crece.

Entonces, ¿por qué es tan violenta América Latina?

Crimen organizado, armas e impunidad

No hay uno solo, sino varios factores detrás de la ola de violencia que sufre la región, advierten los expertos.

Uno de ellos es el crimen organizado, que desde el 2000 causa la misma cantidad de muertes en todo el mundo que los conflictos armados, según el estudio de la Unodc.

Y esto afecta especialmente a los latinoamericanos.

«En América Latina ahora es donde el crimen organizado y las pandillas son más violentos«, señala Me. Y agrega que esto puede influir entre 25% y 70% de todos los homicidios a lo largo del continente.

Miembro de la MS/13Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLas pandillas y el crimen organizado operan con una violencia singular en América Latina.

Claro que en otras partes del mundo también hay crimen organizado y pandillas.

Pero su mayor letalidad en Latinoamérica es asociada a la disputa entre o dentro de esos grupos por un negocio lucrativo: el narcotráfico en la única región del mundo donde se produce cocaína.

En la lucha por una tajada de ese mercado entran desde los carteles de Colombia y México hasta las maras de Centroamérica.

Asimismo, varios gobiernos latinoamericanos han impulsado una «guerra a las drogas» con políticas represivas que incrementaron la violencia y la corrupción en sus propias fuerzas de seguridad.

A esto se suma un acceso fácil a de armas de fuego, que según la Unodc fueron utilizadas en tres de cada cuatro homicidios cometidos en las Américas en 2017, muy por encima del promedio global.

«La amplia disponibilidad de armas de fuego en las Américas, junto con la proliferación de pandillas y grupos del crimen organizado, ayuda a explicar por qué muchos países de la región experimentan un nivel más alto de homicidios de lo que cabría esperar de su nivel de desarrollo», indicó.

Una persona junta cartuchos de bala en una favela de Rio de Janeiro.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionEl facil acceso a armas de fuego contribuye al baño de sangre de Latinoamérica.

Para colmo existe en Latinoamérica una amplia impunidad que reduce el costo de cometer un asesinato y estimula la justicia por mano propia.

«La brecha entre las altas tasas de homicidios y las bajas tasas de condenas en 2016 fue más amplia en las Américas, donde solo había 24 condenas por cada 100 víctimas«, sostuvo el informe.

En algunas partes de América Latina, como Venezuela o Brasil, esa tasa de resolución de asesinatos es menor aún.

Desigualdad y urbanización

Latinoamérica también es la región más desigual del mundo y esto puede influir en su problema de violencia, de acuerdo a los especialistas.

«Los países con mayor desigualdad en los ingresos tienen más probabilidades de tener mayores tasas de homicidios que los países con menos desigualdad», sostuvo la Undoc.

Policías militarizados en RocinhaDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionLas fuerzas policiales en algunos países de la región son vistas a menudo más como parte del problema que la solución a la violencia .

Robert Muggah, cofundador del instituto Igarapé, señala que los altos niveles de violencia se asocian además a los elevados índices de desempleo de hombres jóvenes latinoamericanos, cuyas tasas de homicidio son muy superiores a las de sus pares en el resto del mundo.

La rápida urbanización de América Latina ha complicado más las cosas.

«En Latinoamérica hubo una de las transiciones más notables de una sociedad rural a una urbana en los últimos 50 años», dice Muggah a BBC Mundo. «Muchas de las ciudades más grandes esencialmente han crecido de manera descontrolada».

La falta de prestación de servicios del Estado, como educación o salud, en muchas de esas zonas de crecimiento de las ciudades generó áreas marginadas y densamente pobladas, como las «favelas» en Brasil o las «villas» en Argentina.

Las pandillas y el narcotráfico ganaron fuerza en muchos de esos territorios, que en ocasiones controlan por completo, y así se concentraron los riesgos para la violencia.

RocinhaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl crecimiento caótico de algunas ciudades latinoamericanas generó marginalidad.

En las ciudades grandes y medias de América Latina, cerca de cuatro de cada cinco asesinatos suceden en apenas 2% de las calles, según los datos de Muggah.

«Contrariamente a la creencia popular», señala el experto, «los homicidios tienden a estar altamente concentrados en áreas de concentrada desventaja y marginación socio-económica«.

El ejemplo europeo

Todo esto plantea enormes retos para América Latina y afecta su democracia, dice Muggah, ya que aumenta el cansancio de los ciudadanos con los gobernantes y se reflotan recetas de «mano dura» que poco o nada solucionan.

Parte del desafío pasa por obtener datos y tecnología que permita reconocer las «zonas rojas» de la violencia latinoamericana y responder con políticas adecuadas.

Mientras a nivel global la tasa de homicidios es de 6,1 por 100.000 habitantes, en Centroamérica llega a 25,9 y en Sudamérica a 24,2, indicó la Unodc.

Un hombre llora sobre el ataúd de su hijo asesinado en Guadalajara, México.Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLos homicidios en América Latina son considerados una epidemia por expertos.

Y recordó que la Europa medieval y moderna experimentaron niveles de homicidios comparables a los de las Américas hoy, pero el viejo continente tiene ahora una de las menores tasas del mundo: 1 homicidio por 100.000 habitantes promedio.

«En Europa se ve una evolución, en particular de las instituciones, el Estado de derecho, la inversión en educación, una justicia penal en la que la gente confía. Y ese es un proceso que no ocurre tan fuerte en partes de América Latina», señala Me.

«Podemos aprender de lo que funciona», concluye, «para reducir semejantes niveles de violencia».

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